La herencia del Rey loco: capítulo 2

A petición reiterada de la que es últimamente la comentarista más asidua de este universo, no he podido resistirme a escribir una nueva entrega de este nuevo relato para que todos puedan disfrutarlo (¡y comentarlo!), en fin, no me queda sino escribir:

 

Capítulo 2:

 

Norberto, un chico de una altura normal, de cabello castaño y ojos del mismo color que solía vestir siempre de una forma bastante clásica, no exenta de cierta sofisticación, aunque siempre con discreción; se bajó del coche sintiéndose como una estrella de cine, y no era para menos, no quería pensar ni en lo que valía aquel coche. Repentinamente sintió miedo a que se lo robaran, pero rápidamente se tranquilizó bromeando para sí mismo que para Herman perder ese coche era como perder un llavero, al fin y al cabo, sabía de buena tinta que su familia tenía una gran colección.

Y allí estaba de nuevo el pequeñísimo pueblo de Schwangau, lugar que, como la mayoría de los pueblos centroeuropeos, era muy colorido, de los balcones colgaban flores e incluso a veces las paredes tenían pintados grandes dibujos o letras muy ornamentales anunciando que tipo de casa es. Lo cierto es que lo primero que le vino a la cabeza a Norberto la primera vez que lo visitó fue que era como un parque temático, y la verdad, no anda muy lejos de eso, no sólo debido a sus reducidas dimensiones y el hecho de que parezca algo casi artificial, sino debido a que al menos el 90% de los bajos eran tiendas de souvenirs, a las que acudían masivamente los turistas en el peor sentido de la palabra, allí, se podía encontrar desde llaveros y cojines con el emblema de la monarquía bávara hasta figuras de Luis II y Sissí; pero al fin y al cabo, de algo tenía que vivir ese pueblo perdido en medio de las montañas.

Afortunadamente para Norberto, que odiaba profundamente a esos turistas de “información ligerita, foto y adios” (y que por encima eran los más frecuentes debido a las dificultades para llegar a ese lugar, con lo que los turistas iban gracias a los grandes grupos de viajes que organizaban excursiones másivas con horrendas visitas guiadas -que Norberto tuvo la oportunidad de vivir- en las que se iba a toda prisa, porque al fin y al cabo, detrás venía otro grupo) no estaban en temporada alta, con lo cual, tendría la oportunidad de revisitar esos paraísos de imaginación y soledad de Luis II tal como el monarca los había imaginado y deseado.

Lo cierto es que, cada vez que iba allí y lo veía cargado de aquellos turistas no dejaba de pensar en la enorme vergüenza y horror que sentiría aquel Rey si viera sus parajes invadidos por semejante plebe inculta y sin ningún interés por aprender o entender; de hecho, Norberto había llegado a la cruel conclusión de que se había prostituido totalmente al monumento.

Sin embargo, aquel día no estaba para premisas filosóficas, aquel era el día de su triunfo, y debía ser feliz, y sin duda lo era mientras contemplaba el pequeño castillo amarillo de Hohenschwangau, menos conocido que el otro con el que compartía el lugar.

Y fue de aquella, y mientras continuaba su ascensión hacia su destino final, cuando no pudo evitar recordar la historia de Luís II y los tremendos paralelismos que encontraba consigo mismo.

Lo cierto es que, aunque el monarca en principio no le fascinó demasiado, una vez que empezó a conocer más datos de él, llegó a entusiasmarle más que sus propias construcciones, porque lo cierto era que Luis II de Baviera, apodado por algunos “el rey loco” era una persona excepcional, y como la mayoría de los humanos que osaron serlo, tuvo una vida desgraciada y un trágico final, que según a los que les gusta la polémica y el amarillismo en la historia, ya venía de la maldición de su familia, una de las más antiguas de Europa,  los Wittelsbach.

En cualquier caso el joven Luís fue educado severamente como Príncipe heredero (según algunos, de forma extremada, lo que favorecería el que necesitase evadirse) y sólo encontraba consuelo en los cuentos de su madre y principalmente de sus ayas acerca de las leyendas germánicas y los cuentos de hadas en general, de modo que pronto héroes como Tristan o Tannhäuser se adueñaron de su imaginación; en ello también influyó una institutriz que le hablaba de las glorias del Versalles de Luís XIV. A todo esto debe sumarse que se crió en aquel hermoso castillo amarillo rodeado de montañas como en las leyendas y cuentos que adoraba y desde el que soñaría con construir el futuro Neuschwanstein en aquel lugar llamado Condado de Ostallgäu, es decir, Condado del Cisne. Completaron también sus gustos algo que su familia había adorado tradicionalmente: el arte; de hecho, su abuelo Luís I (del que le venía el nombre) había recreado muchos de los grandes monumentos del mundo entero en la capital del reino, Munich.

Y adoraba todas esas cosas, hasta el punto que empezó a volverse más introvertido porque según el mismo decía, le gustaba pasar el tiempo recreando cosas hermosas en su imaginación; sí, el Príncipe Luís era decididamente desde pequeño un amante de la belleza.

Sin embargo, pronto todo cambiaría para aquel Príncipe que quería ser azul, puesto que su padre murió prematuramente, convirtiéndole en rey a los 19 años. Durante el entierro algunos dijeron que el hermoso rey parecía un ser de otro mundo, y pronto descubrirían que era así, ya que, el ya Luís II era un soñador incurable, un personaje sacado de un cuento de hadas condenado a vivir en el cruel mundo real, y lo que era más terrible, en el cruel mundo real del XIX europeo; así, Norberto pensaba, que aunque algunos historiadores decían que el monarca hubiera sido más feliz en la época de las monarquías absolutas a las que tuvo como modelo; lo cierto es que el creía que realmente Luís II sólo hubiera sido feliz si tuviera que besar a la Bella durmiente y a continuación vivir felices y comer perdices.

Y quizás esta conclusión del joven historiador no andaba demasiado desencaminada, puesto que una de las primeras cosas que hizo Luís II fue ordenar traer al que él llamaba “el maestro Wagner” como fuera, eso era debido a que lo idolatraba y con él pensaba realizar su gran plan de llenar su reino de belleza, y ¿Quién discutiría que la música es una de las mejores opciones para tal propósito?.

Y así sería, durante ese tiempo Richard Wagner haría algunas de sus mejores óperas que entusiasmarían tremendamente al joven monarca que no podía sino alabarle y pasar horas y horas con él, deshaciéndose en regalos y dándole todo lo que pedía.

Y el vil compositor lo sabía, y viendo esto se aprovechó rápidamente de él, al fin y al cabo, sabía que el ingenuo monarca no le iba a negar nada, y él estaba tan seguro de su poder que no dudaba en enseñarlo con toda ostentación.

Esto rápidamente provocó que se ganara enemigos por todas partes y que las presiones sobre el pobre y bienintencionado Luís II que no quería dar crédito bajo ningún concepto a ninguna mala opinión (por muy justificada que fuera) de su adorado compositor, estuvieran por todas partes; hasta tal punto que el consejo de ministros con el apoyo de la Reina madre amenazó con dimitir en pleno si Wagner no abandonaba el país. Y fue así como un dolidísimo Luis II vio marchar a su dios en la tierra.

Pero esa no era la única resolución que el ministerio le exigía al Rey, era un imperativo que se casase cuanto antes. El Rey, que no tenía ni el más mínimo interés en el matrimonio, hasta ese momento sólo había adorado a una mujer, su buena y comprensiva prima, la Emperatriz Isabel de Austria y Hungría (conocida popularmente como Sissí), con la que siempre mantuvo una gran correspondencia (y que llegó a asemejarse enormemente a su primo, también pasó su vida huyendo de las hipocresías de este mundo, lo que solucionó viajando sin parar, no estableciéndose en ningún lugar, alejándose continuamente de aquella miserable corte de Viena a la que despreciaba y que la odiaba); pero naturalmente, ella no era una posibilidad, así que eligió a la hermana de esta que gozaba de cierto parecido, la prometida del Rey de Baviera se llamaba Sofía.

Y lo que comenzó como una relación de gran romanticismo en la que Luís II veía a su prometida como la heroína o princesita de sus cuentos de hadas y a la que llegó a enviar cartas de amor firmando como Tristan o Lohegrin, no tardó en apagarse; básicamente porque el soberano o no se decidía o no quería decidirse, así que retrasaba continuamente la fecha de la boda; lo que llevó a que le padre de la joven novia le pusiera un ultimátum. El Rey bávaro canceló el compromiso.

Y lo cierto es que era muy probable que ese desinterés por el matrimonio y por las mujeres en general se debiera a su homosexualidad contra la que intentó luchar toda su vida, al fin y al cabo, él quería ser un buen católico y la práctica de semejante aberración sodomita, aún sin poder impedirla, le llenaba de temor como relataba en sus diarios perdidos en la 2ª guerra mundial (aunque Norberto pensaba que habían sido oportunamente perdidos y ello era un capítulo importante de su tesis).

Pero para desgracia del monarca, sus problemas estarían muy lejos de acabarse ahí; condenado a vivir en una época tumultuosa, se vio obligado a formar parte de la unificación alemana que proclamó emperador a Federico Guillermo IV, lo que disminuyó cuantitativamente su poder, y que arrastró al reino que ya no era capaz de reconocer a terribles guerras con las que estaba en total desacuerdo; sí, Luis II era un estandarte de la cultura, de la paz, aquellos delirios imperialistas y de grandes conquistas le tenían sin cuidado, él lo que quería era un reino de belleza y de arte, un reino de músicos, pintores, arquitectos, escultores… etc, pero como le habían arrebatado su reino aquellos políticos corruptos, aquellos horribles prusianos y aquel terrible Bismarck, y sabiendo que no podía abdicar debido a la locura de su pobre hermano Otto; decidió crear unos nuevos reinos, algo que ya no le podrían quitar, creado a su imagen y semejanza: sus hermosos castillos, que fueron Linderhof (un hermoso palacete rococó), Herrenchiemsee (una réplica reducida de Versalles) y Neuschwanstein (un castillo como sacado de cuento de hadas); castillos que, contrariamente a lo que muchos piensan, en ellos no se despilfarró el dinero del estado bávaro, sino la fortuna personal del monarca; y que estarían equipados con las más avanzadas tecnologías de la época, y algunas de ellas inventadas por el propio Rey.

Ahora Luís II ya podía ser relativamente feliz, encerrado en aquel sueño en el que podía realizar banquetes con personajes imaginarios como María Antonieta o Madame de Pompadour; pero al fin y al cabo, un encierro es un encierro y no dudaría en criticar abiertamente tanto al gobierno como a la Casa Imperial; además de negarse a volver a Munich (lugar donde debía residir un número determinado de días al año).

Por esas razones pronto aquel Rey se convirtió en un inconveniente, así que eso, y las ambiciones de algunos parientes provocaron que rápidamente, y sin examen previo se le declaró loco e incapacitado para reinar, por lo que una comitiva de ministros fueron a detenerlo, pero el monarca, que gozaba de simpatía entre el pueblo y los sirvientes fue avisado, pero en vez de huir a Austria o volver a Munich pidió suicidarse tirándose desde la torre más alta del castillo de Neuschwanstein donde llevaba residiendo varios años, algo por otra parte muy romántico y muy propio de una persona como era él.

Finalmente, y en un segundo intento se consiguió detenerle y lo llevaron prisionero al castillo de Berg; su cautiverio en cambio no duraría demasiado, tres días después moría ahogado en el lago cercano; las razones serán siempre un misterio y son de lo más variadas, algunos dijeron que cuando daban en paseo el Rey ya sea por un ataque de locura o por voluntad propia asesinó al doctor que lo acompañaba y luego se suicidó; otra, más romántica, asegura que al otro lado del lago se encontraba veraneando su amada Sissí (que fue sin duda la más conmocionada por la muerte de su infortunado primo, al que dejaría un ramo de violetas en sus manos cuando estaba en el ataud y del que diría tristemente “El rey no estaba loco. No era más que un excéntrico que vivía en un mundo de sueños. Si lo hubiesen tratado con más suavidad, seguramente le habrían evitado un fin tan terrible”) y que el pobre Luís intentó cruzar el lago para hallar refugio junto a su prima y que en el intento pereció; en cambio, la que más creía Norberto, era aquella que decía que, teniendo en cuenta el hecho de que Luís II era un gran nadador, era imposible que se hubiera ahogado, por lo que lo más probable es que doctor y paciente fueran asesinados muy oportunamente.

Y, dejando de lado las cuestiones históricas, Norberto pensaba mientras subía, como siempre hacía, al puente que el mismo Luís II había hecho construir y desde él que se apreciaba una impresionante vista lateral del castillo que es una de las más conocidas y fotografiadas; que el personaje histórico y él tenían muchas cosas en común, así, Norberto también era muy soñador, odiaba la hipocresía y tenía unos fuertes valores morales los cuales le hacían bastante ingenuo y siempre bienintencionado; adoraba el arte y la historia por encima de todo, lo que le hacía un humanista moderno, y sentía verdadera fascinación por los mundos maravillosos e inexistentes que evocaban los cuentos de hadas en los que el protagonista al final siempre acababa perfectamente, el bien triunfaba y el mal perecía para que todos pudieran ser felices y comer perdices; todo lo cual, le había llevado más de una vez al igual que le había pasado a su admirado y trágico monarca, a darse de bruces más de una vez contra la realidad.

En estas reflexiones se encontraba Norberto cuando por fin, cruzó el portalón del castillo para ver, por primera vez, habitaciones que muy pocas personas habían visitado, lo cual le emocionaba extremadamente.

Continuará…

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5 respuestas a La herencia del Rey loco: capítulo 2

  1. gabriela dijo:

    La verdad es que tengo que admitir que es muy buen comienzo, una buena presentación del personaje histórico que guiará los destinos de la novela y que se hace imprescindible presentar al principio porque aquellos que desconozcamos los datos históricos (quiero decir en profundidad) podríamos perdernos fácilmente en el libro-blog y dejarlo por aburrimiento. Pero eso de momento no parece que vaya a pasar, realmente consigues atrapar la atención del lector pintándonos a un rey soñador, un hombre que parece intentar encajar en la vida que le tocó vivir con todo el esfuerzo que eso le supone, un rey homosexual que no puede permitirse serlo y, lo que es más atractivo, un hombre con un final trágico (seamos realistas, nos encantan los finales trágicos). Con todos esos ingredientes vas por buen camino. Con respecto al trabajo de documentación para llevar a cabo un libro de estas características (con un trasfondo histórico tan importante) parece que has hecho los deberes (aunque he de reconocer mi desconocimiento de la vida del Rey loco así que hablo por simples impresiones).PD. A este paso me voy a convertir en comentarista compulsiva.

  2. A dijo:

          ¡Y ojala siguas siendo esa “comentarista compulsiva” por mucho tiempo!, en cualquier caso, para mitigar tu impaciencia hasta la aparición del próximo capítulo, siempre puedes mirar otras secciones como las fotografías (álbumes Austria y Alemania) que te darán una buena idea de los lugares de los que se habla y que no se si los estoy describiendo muy adecuadamente puesto que no estoy siendo demasiado preciso, aunque tampoco deseo aburrir con descripciones inacabables; o también Historia, en donde descubrirás maravillosas anécdotas de conocidos personajes históricos.
          Me alegro de que te interesara el personaje histórico y de que lo hayas calificado de “buen comienzo”, básicamente porque mi mayor temor era, que dado que la gran mayoría del capítulo está dedicado a hablar de aquel monarca, que terminara por aburrir con tantos datos históricos juntos, de hecho es una minibiografía; que siempre tuve claro que había que hacer de forma inevitable porque, evidentemente, muy pocas personas que no sean de Baviera conocen el personaje (¡aunque sí su castillo!), sin embargo, hay muchos datos jugosos que aún no han aparecido, ¿Cuándo los sabremos? En próximos capítulos naturalmente…
         Otra cosa que tuve clara, era el hecho de que no podía dar nada por supuesto, todo debía ser explicado pues no todo el mundo tiene el mismo nivel cultural y este relato trata de ser para todo el mundo que lo quiera leer, con lo que me alegro de ver que parece que he alcanzado ese objetivo.
          Y en cuanto a Luis II y los acontecimientos de su vida, el mérito no es mío, ¡es del propio rey!, aunque pronto comprobarás que no todo el mundo tiene una visión tan idealizada como Norberto…
          Por mi parte, no me gustan los finales trágicos, pero si reconozco que crean leyendas: Luis II y Sissí son dos ejemplos perfectos; y otros podrían ser: María Antonieta, María Estuardo o Evita; y más recientemente James Dean o Marilyn Monroe; muy probablemente ninguno de ellos sería tan popular si no hubiesen muerto jóvenes; al fin y al cabo, en España tenemos dos casos de reinas tragiquísimas como son Juana I e Isabel II y no son ni la mitad de famosas que los anteriores.
          Y bueno, finalizar agradeciendo que hayas notado el enorme esfuerzo de documentación que he tenido que hacer, que ha resultado brutal, y eso que sólo estamos al principio; por lo que me alegro que no pase desapercibido.

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