La guerra de Daisy: Capítulo 5

      Después de una larga espera (lo reconozco) escribo un nuevo capítulo de la apasionante historia de esta mujer a la que se ofrece ser espía para evitar una nueva guerra en Europa (todos capítulos anteriores en esta misma categoría de Grandes Relatos), ¿que sucederá?, la respuesta sólo aquí, en esta categoría del espacio Universo de A. Espero que os guste y no dudéis en dejarme vuestra opinión:
 
Capítulo 5:
 
       Daisy pensaba, pensaba y no había parado de hacerlo en toda la noche, de modo que no había dormido. Todo aquello era demasiada información, demasiada información que se debía de haber repartido durante años y que ahora venía de golpe, quizás aquellos que decían que escapar de los problemas no era la solución no les faltaba razón, puesto que al final, aquel pasado del que había huido interponiendo incluso un océano por medio había vuelto y le había pegado toda una bofetada, bueno, si sólo fuera eso, más bien le había pegado una autentica paliza y ahora sabía, más que nunca, que ya no podría huir nunca más, porque en cualquier lugar de la tierra ellos irían a por ella, aquello no era una simple oferta de trabajo que se pudiera rechazar así como así….

      Todos esos pensamientos seguían estrujando su mente en el compartimento del tren en el que viajaba hacia el pueblo de Windsor mientras fijaba sus ojos en aquel bello paisaje nublado de primeras horas de la mañana, aunque realmente, no era capaz de verlo, su mente estaba muy, muy lejos; y lo cierto es que ya llevaba tiempo así, puesto que debido al insomnio producido por la preocupación decidió adelantar su viaje para ver a su familia; naturalmente Daisy podía permitirse un taxi, pero no quería aparecer allí como una gran estrella, sino de la forma más simple y campechana posible, lo que hizo que escogiera la ropa más discreta y austera que tenía para hacer aquella visita, lo cual, teniendo en cuenta sus gustos en materia de ropa (extremadamente sofisticada y cara), no fue precisamente fácil y le llevó un tiempo bastante largo, lo cual no fue del todo malo ya que la ayudó a concentrarse en algo y no pensar en lo que no paraba de volver a su cabeza una y otra vez. Finalmente, optó por un vestido largo hasta las rodillas de un color granate apagado que acababa en unas lentejuelas de un color aún más apagado, recto, ceñido con mangas hasta los codos; y para tapar todo esto optó por una capa de terciopelo negro que le llegaba hasta la rodilla; a esto sólo lo acompañaría un sombrero cloché y un largo collar de perlas, tan de moda en aquel momento (vestuario tal vez muy adecuado para el moderno y loco Nueva York de la época, pero quizás un tanto atrevido y llamativo para la Inglaterra rural de aquellos años).

       Pero por mucho que durara esa distracción, aquella actividad no era eterna, así que, aunque había planificado ir a ver a su familia después de mediodía, decidió adelantar su viaje y salir del hotel inmediatamente, como si pudiera dejar en recepción los recuerdos que la torturaban con la llave de la habitación.

       Y fue de aquella cuando se dio cuenta de que necesitaba pensar, necesitaba tiempo, ¿debía proporcionarle esa información a sus ingenuas madre y hermana que habían tenido durante años a un espía en casa y ni siquiera lo habían sospechado?, bien era cierto que ella tampoco, pero, ¿que derecho tenía a robarles la tranquilidad que a ella le habían quitado tan vilmente?, como si no hubiera sido bastante disgusto para ellas el que se hubiera marchado a otro continente y a penas supieran de ella, especialmente tratándose de una familia en la que los lazos eran por tradición extremadamente fuertes, o por lo menos lo habían sido hasta que ese extraño se había metido en sus vidas, sí, su padre era el culpable de todo, ¿pero de que sirve culpar a los muertos?.

      Por eso decidió coger un tren, un transporte cargado de recuerdos puesto que en él iba a ver la capital en su infancia, allí había visto el gran parlamento y su Big Ben, la abadía de Webminster donde estaban enterrados todos los reyes o la Torre de Londres, aunque probablemente, cuando su padre las llevaba no era para hacer turismo, lo que explicaría sus pequeñas ausencias o algún encuentro extraño en algún pub “ser miserable” pensaba Daisy con enorme rabia contenida “no venías a Londres por nosotras, sólo venías por tu secretito”.

      Cuando el tren hubo acabado su corto trayecto, Daisy seguía necesitando tiempo, así que decidió ir andando de forma pausada a pesar de que la casa en la que su madre y su hermana llevaban viviendo toda la vida estaba en las afueras del pequeño pueblo, lo cual constituía una importante caminata, especialmente en aquellos zapatos de raso de tacón alto que podrían deteriorarse fácilmente o por lo menos agotar enormemente a Daisy; cosa a la que ella no prestaría atención, pues su mente estaba tan ocupada y tan confusa que no era capaz de pensar ni tan siquiera en su malestar físico.

      Así atravesó el nebuloso camino por el pueblo que aún dormía y continúo hacia las afueras donde se extendían bellos campos verdes bañados por el rocío que estaba especialmente esplendido aquella mañana, pero Daisy no era capaz de apreciar la belleza de la naturaleza, de aquellos prados por los que había corrido y jugado en tiempos más felices y sobre todo de ignorancia “cuanto se equivocan aquellos que dicen que la ignorancia no proporciona la felicidad” pensaba; al fin y al cabo ¿Cómo podía ver belleza en unos recuerdos que ahora veía como dolorosos pues daba la impresión de que toda su vida había sido una gran mentira?; que lejos quedaban ahora aquellos días de picnic y de sonrisas de familia feliz y que falsos, que ficticios parecían ahora, “que enorme mentira” sentía deseos de gritar Daisy a la nada.

      Pero el tiempo de pensar se había agotado, allí, a pocos pasos ya se hallaba su casa, la casa en la que había vivido una parte muy importante de su vida y de la que pensaba que ya nunca podría volver a mirar con los mismos ojos.  

 

Continuará…

Todos los capítuos publicados aquí

Esta entrada fue publicada en Grandes relatos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La guerra de Daisy: Capítulo 5

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s