¡Festival, mascarada en carnaval, festival!

      Así es, una vez más los carnavales han vuelto a Madrid; y aunque se han recuperado de aquella monotonía del año pasado, sólo ha sido en parte, puesto que si bien la inauguración fue simplemente gloriosa gracias a la utilización de la historia de Carlos IV (y que pudieras reconocer a todas las personas del cuadro de su familia, además de que en más de una ocasión escenificaran juegos de la época por las calles o cuadros de Goya) y también lo ha mejorado todo mucho la contratación de nuevas compañías para animar el desfile (especialmente con la incorporación de gigantes y cabezudos); aunque eso sí, se hecho de menos a la Tarasca (todo era de la compañía Caramundi, y si se tenía a Carlos IV no se podría tener a la Tarasca, que se le va a hacer); el resto de las celebraciones se volvieron a cubrir de cierta rutina pues hay cosas demasiado repetidas y organizadas de la misma forma y falta de nuevas actividades en general. También forma parte de las sombras de este carnaval el hecho de que la programación oficial no se presentara hasta un día antes, con lo cual nadie podía informarse de nada, cuestión por la que llegó a protestar la oposición (siento reconocer que la organización de estos eventos está empeorando cada vez más desde que pasaron las elecciones).
     Pero como de costumbre digo y siempre diré, el mayor defecto del carnaval de Madrid (y que es precisamente lo que les da fama a los demás) es la falta de participación de la gente, que sólo se convierten en participantes pasivos del carnaval pues no se disfrazan y lo único que hacen es observar como unos pocos lo hacen o como máximo disfrazar a sus hijos; por tanto, creo sinceramente que nuestro maravilloso carnaval mejoraría mucho si todos los adultos se disfrazaran y se animaran a disfrutar de la fiesta de todo al revés, la fiesta donde puedes ser lo que no eres; y no tomarlo como una vulgar excusa para ponerle un traje con el que estén “muy monos” de mosquetero o princesa a nuestros hijos para así guardar luego la foto en el album familiar o para quedarse de observador delante de un desfile, porque os diré una cosa “si en tu vida sólo eres un observador, lo único que verás es como pasa de largo”.
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