¡Llega un nuevo relato cómico a Universo de A!, os presento Notas de aburrimiento

Pues aquí llega un nuevo relato para esta sección de Grandes relatos, que ha nacido, quizás en parte, porque ahora que el primer aniversario de Universo de A se acerca más y más, y para cumplir esa promesa pendiente de que debía de haber más de una historia; por eso, y porque considere que ya había un relato dramático, decidí dirigirme a un terreno más cómico y crear Notas de aburrimiento, una historia contada de una forma muy innovadora, por una persona que se deja notas a sí misma, pero eso ya nos lo contará el personaje protagonista del relato, que, con su particular estilo pretende hacernos reír con su punto de vista acerca de la vida y de las personas que circulan por ella.

Espero sinceramente que os divierta, que os ríais mucho, y, como siempre, que dejéis un comentario diciendo lo que os gusta y lo que no, dando vuestra opinión e incluso sugiriendo ideas; basicamente, porque resulta mucho más gratificante a la hora de escribir que haya gente que siga estas notas y que disfrute comentándolas.

Por otra parte, es necesario aclarar, que La guerra de Daisy el otro relato de esta sección, no ha terminado, sino que aún continuará mucho tiempo, y que, aunque ahora tendré que ocuparme de ambas historias, no voy a descuidar ninguna, y seguiré avanzando en ellas todo lo que pueda; espero que ambas os gusten y que os enganchéis a ellas. Comenzamos pues el relato:

 

Notas de aburrimiento

 

Nota 0: (o los primeros intentos):
Emmmmm, estoy en el metro, paramos en una estación, sube gente. Que estupideces estoy poniendo, esto no fue buena idea.
———————————————————

A medida que la decadencia del estío se hace inevitable; en los parques, los árboles se rinden al cambio, las liebres saltan en el campo, los pajaritos cantan, las nubes se levantan… arggg, déjalo ya, por Dios.

———————————————————

Vale un último intento, ya sé, comenzaré de una forma más convencional, a ver si así:

 

Nota 1:

Mi nombre es Abelardo Bueno (cosa que ya sé, básicamente porque soy yo el que escribo la nota); y dada mi ajetreada vida, a causa de lo que ya contaré luego, he decidido crear estas notas a las que llamaré “notas de aburrimiento”, básicamente porque las escribiré cuanto tenga que hacer esas típicas y aburridas esperas, que todos los días nos tiene reservada la vida; me refiero, naturalmente: a cuando hacemos la cola para la panadería o se nos cuelga interné, cuando viajamos en el transporte público o cuando vamos al médico de la inseguridad asocial, en el cual la hora a la que entramos nunca jamás coincide con la hora a la que nos han mandado ir (eso sí, todo esto tiene una ventaja, ejercitamos esa gran virtud de la paciencia que en estos días tenemos tan olvidada)… y que cada uno aprovecha como bien puede: algunos leyendo, otros poniendo cara de haber desayunado vinagre, y por último, los que se lanzan sobre el de al lado, mientras claman al cielo y dicen: primero lo mal que está el sitio donde estás, luego el país y finalmente el mundo… añadiendo, por supuesto, que ellos lo harían muchísimo mejor y que lo solucionarían todo con sólo dar una palmada cual genio de la lámpara (viendo esto, ¡cuantas vocaciones políticas hemos perdido!)… ¡ah, sí!, y ya lo olvidaba, también están los que esperan resignadamente, sin protestar (que cada vez son menos), y, frecuentemente, aguantan el rollo del anterior tipo. Pero supongo que a partir de ahora nacerá una nueva clase de “figuras esperantes” (umm, esto podría ser una disciplina científica): el que escribe “notas de aburrimiento”.

Aunque ya he dicho que yo no escribo estas notas sólo porque me aburra, más bien todo lo contrario, es porque estoy saturado, necesito desahogarme, y si bien escribir no es gran cosa, es lo único que me queda realmente; porque cuando eres padre soltero de un adolescente de trece años, las cosas no son fáciles, y no te queda mucho tiempo para grandes relaciones sociales; además de que no soy partidario de convertir a mi hijo en una especie de confidente, que bastante tiene él ya con la edad que tiene (aunque, por suerte, de momento no se ha puesto demasiado imposible).

Umm, la verdad es que no dejo de reflexionar acerca de como llegué a esta situación… a ver, recapitulemos: cuando yo aún estaba en la veintena, y lucía una mata de pelo que creía eterna; tenía una novia llamada Julia, obsesionada por el compromiso y por tener todo lo más tradicional relacionado con ello: petición de mano y un bodorrio que superara al de todos los príncipes europeos juntos (y lógicamente, algo azul, algo prestado, algo viejo… etc).

Como ella era tan graciosa, entre chiste y chiste, acabó arrastrandome al altar donde me di cuenta de que la broma se había acabado, y ella no tenía tanto sentido del humor, puesto que cuando el cura te dice: “¿quieres a esta mujer por legítima esposa…?”, no puedes contestar: “¿puedo hacer un referéndum?”… y creedme, lo sé porque yo lo hice, y fue en ese momento cuando descubrí que la simpatiquísima Julia sí se tomaba algo en serio… me lanzó una mirada, que aún no puedo recordar sin temblar… en cualquier caso, mis siguientes palabras fueron “Sí, sí, sí quiero, ¡pero cásenos ya!”.

Solucionado aquello, creí que a Julia se le habían acabado las obsesiones, y que a partir de ahí viviríamos una vida de risa continúa… pero me equivoqué, porque en realidad, si bien parecía que la obsesión por casarse era un fin, resultó que no, que lo cierto era que sólo se trataba de un medio para tener hijos; porque según decía Julia: “es una necesidad natural de toda mujer” y “se nos han aportado estos maravillosos órganos para ser las mejores madres y poblar el universo de vida, es decir de adorables niños”… cuando decía estas cosas le brillaban los ojos, tanto o más, que cuando de soltera me hablaba de lo “maravilloso que es comprometerse en un vínculo eterno con otra persona” y de “la vida esplendida y carente de preocupaciones que llevan los casados, pues ya han cumplido una función con la sociedad, con el mundo y con la historia” (cuando pienso que me tomé todas estas cosas a chiste, la de veces que me reí a carcajadas… y lo bien que me estaba engañando la muy bruja).

Visto todo lo anterior, me di cuenta de que ella no pararía hasta tener un hijo con el que obsesionarse; eso sin contar el terror que le provocaba “la idea de no poder cumplir con su función natural como mujer”; así que, casi para no escucharla más, día tras día con el mismo tema, decidimos ser padres.

Y así, poco después, comenzaron nueve largos meses, en los que tenía una barbaridad de caprichos a los que llamaba “antojos”; del tipo de que quería correr por una rosaleda a las dos de la mañana; o acudir unas clases de baile para aprender twist de los años 60, a 100 euros la matrícula… antojo que desaparecía inmediatamente justo después de haber pagado las clases por las que luego, mira tú, ya no sentía el más mínimo interés.

Eso ya sin mencionar las contracciones, que ella creyó tener desde el mismo día en que supimos que estaba embarazada, y que utilizaba junto con las nauseas y los mareos para que yo tuviese que encargarme de toda la casa, mientras que ella (que se había autoproclamado “dictadora plenipotenciaria -aunque realmente no sabía lo que significaba esa palabra- de la casa”), entre rabieta y rabieta, contrataba la tele de pago, y compraba enormes suministros de palomitas para no perderse ni una sola película (ya fuera o no de estreno) mientras yo hacía todas las tareas domésticas y además trabajaba.

Por fin llegó el noveno mes, lo que me alegró mucho, tanto porque nacía mi hijo como porque mi regimen de esclavitud y vasallaje hacia la “dictadora plenipotenciaria” estaba a punto de terminar… por fin podríamos restablecer la igualdad.

Recuerdo el parto… hasta el mismo segundo antes de empezar, Julia lo había calificado como “el momento más maravilloso en la vida de una mujer”; pero durante el proceso cambió su valoración, que pasó a ser: “¡este niño me quiere asesinar!, ¡extirpádmelo ya, aunque sea con alicates!”. Por otra parte, el dolor la llevaba a profundas reflexiones teológicas, acerca de personajes de las sagradas escrituras, como la siguiente: “¡Si esa estúpida primera mujer se hubiese comido una alcachofa ahora no estaría yo teniendo este problema!”, inspirador, realmente inspirador.

Poco después, cuando Julia ya se sentía mejor, y se había recuperado del parto me llamó para que habláramos… “conociéndola”, recuerdo que pensé, “querrá que nos mudemos a una casa más grande, para que el niño tenga un cuarto de juegos donde meter los cientos de juguetes a pilas y peluches que se irán acumulando día de reyes tras día de reyes, cumpleaños tras cumpleaños, entre otras celebraciones varias, y que probablemente sólo usará una vez en su vida”. Pero no, en realidad, Julia siempre fue una caja de sorpresas, así que decidió darme otra, y lo consiguió cuando me dijo:

-Oye, lo he estado pensando y no estoy preparada.

-Cariño, tenemos que salir del hospital algún día, la enfermera ya me ha dicho varias veces que dentro de tres días le asignará la cama a otra embarazada, estés tu en ella o no.

-No me refiero a eso, que también… pero ahora no es lo más importante… yendo al grano, lo que quiero decirte -dijo mirando hacia el suelo-… es que no estoy preparada para ser madre, me equivoque.

-Perdona, ¡¿que?!, ah claro, ya lo entiendo, es una de tus bromas, después de tanto tiempo agria como un limón, ya te ha vuelto sentido del humor con el que me llevaste vilmente delante del cura.

-No Abelardo, no es una broma, lo siento, pero sería una madre horrible, no puedo comprometerme tanto, ¡necesito volver a ser libre!

“¿¡Qué no puedes comprometerte tanto!?”, recuerdo que pensé, “o sea, que pasaste todo el noviazgo hablandome de las bendiciones de la vida conyugal; y según comenzó esta, de lo mucho que alegran los hijos la vida; y, ¿ahora no puedes comprometerte?”; llegué a la conclusión de que aquello eran desvaríos post-parto, así que opté por tranquilizarla.

-Vamos Julia, ahora estás afectada porque has pasado por algo muy duro, pero ya verás cuando nos llevemos el bebe a casa….

-¡Es que no puedo hacerlo!, ¡ese niño piensa llorar toda la maldita noche… y dará la vara hasta que se independice!, lo que, probablemente, tal como está este país, será a los 50 años… y yo quiero hacer surf, puenting y conocer gente.

-¿Pero qué me dices de la estabilidad y la felicidad de la vida conyugal? -no podía creer que estuviese utilizando el mismo discurso que me daba ella hacía sólo unas pocas horas, y que, misteriosamente parecía haber olvidado por completo.

-El matrimonio lo he probado, ya lo tengo muy visto, ahora quizás pruebe la pareja de hecho, o tal vez una relación con una lesbiana, ¿crees que Feli lo es?, para mí que sí, además no está nada mal, es una buena opción para iniciarme en mi nueva sexualidad… por otra parte ya te he dado un hijo, ¿no era eso lo que querías? -en ese momento estuve a punto de saltarle encima y asesinarla allí mismo-. Además, ¡ahora tengo que plantar un arbol y escribir un libro!, ¿no es lo que se suele decir que hay que hacer para tener una vida plena?, como ya he tenido un hijo, me faltan dos de tres.

“Vale”, reflexioné, “Julia me está dejando para enrollarse con otra tipa, hacer puenting, plantar bosques, y escribir obras que pasaran a la historia de la literatura universal, probablemente inspirándose en la tragedia de una madre que debe abandonar a su marido y a su hijo porque la pluma de escribir la llama a gritos en el momento más inoportuno”.

-¡Oh, qué bien! -dije irónicamente- tu primer libro podría ser de autoayuda, ¿puedo sugerirte el título?, ¿qué tal “como ser una tarada y arruinar la vida a un hombre normal en tan sólo 10 pasos”?

-Adiós cielo, he sido muy feliz contigo mientras duró.

Y salió por la puerta; creí que desvariaba, y que no tardaría en volver a casa pues aquella reacción era un “post-antojo” de los suyos… pero si lo es, debería ser estudiado científicamente, pues ha durado trece años y no parece haber perspectivas de que acabe a corto plazo porque nunca volví a saber de ella.

Curiosamente, lo que en principio pareció ser toda una faena, ha resultado ser lo mejor; y aunque Ildefonso (el nombre de mi hijo, que elegí finalmente, porque sabía que Julia lo odiaría) y yo, hemos pasado tiempos duros y complicados, al estar solos; estoy muy feliz tal y como estamos, de hecho, no podría imaginarme la vida de otro modo. Hasta tal punto es así, que no me molesté en buscar a Julia, ni tan siquiera en pedirle el divorcio, así que legalmente aún sigo casado… es una situación extraña, pero nada fue normal desde que ella entró en mi vida (a veces, cuento las estrellas, me acuerdo de ella… y me pregunto si habrá arruinado ese número de vidas en todos estos años).

Por eso, escribo estas notas… porque un diario parece de quinceañera, los psicólogos están muy caros, ¡y de algún modo tengo que desahogarme!; luego, las meteré en un cajón de mi escritorio, bajo tres llaves, y santas pascuas.

 

Y quién sabe, a lo mejor acabo quemándolas, según vayamos de camping… o publicándolas, y tal vez gane todos los premios literarios habidos y por haber… pero, naturalmente, si eso sucede, después de conseguirlo… ¡iré directo a plantar un árbol!. Y todo ello sin necesidad de abandonar a ninguna familia, ni de arruinarle la vida a nadie; umm, sí, creo que estas notas van a ser una gran ayuda psicológica.

Upss, mi parada, ¡que se me cierran las puertas!.

Continuará…

Esta entrada fue publicada en Grandes relatos. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a ¡Llega un nuevo relato cómico a Universo de A!, os presento Notas de aburrimiento

  1. alberte dijo:

    esta moi ben gustame

  2. A dijo:

          Alegrome moito de que te gustase

  3. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  4. Pingback: Diecinueve parte de Notas de aburrimiento | Universo de A

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s