La caída de los palacios del cine

      Si echais una ojeada a los meses de verano del espacio observaréis que he estado fuera de Madrid un tiempo considerable (especialmente si echáis una ojeada a cuando se publico el resumen del verano); siempre adoro volver y siempre me maravilla esta ciudad, pero esta vez me esperaba una más que desagradable sorpresa.
      Iba tranquilamente en el coche atravesando por la Gran Vía cuando de repente, de una forma espontánea miré en la plaza de callao (los que vivís en Madrid os situaréis bien, y los que no, seguid imaginando la Gran Vía) concretamente al cine avenida, uno de los más bonitos, lujosos tanto por fuera como por dentro que realmente merece el apelativo de “palacio del cine” (que fue así como se llamaron los primeros cines dedicados a los grandes estrenos -antes se seguía siempre una regla, las películas primero iban a los cines de estreno o palacios del cine, que era donde la entrada era más cara; luego a los cines normales; luego a los de barrio y finalmente podían acabar en un local cualquiera o incluso en un circo ambulante- y a los que acudían por primera vez las clases acomodadas que antes no iban porque una vez que el invento del cine dejó de ser una novedad, se proyectaba en antros a los que sólo iba la clase más obrera; pero con estos cines se creo el glamour en las salas), no sólo por su origen, sino porque cuando entras parece que entras realmente en un palacio, grandes alfombras rojas escaleras con grandes balcoles de marmol, espejos por doquier e incluso vidrieras con motivos florales, ¡Y que decir de las dos inmensas salas con enormes pantallas!.
      Pues bien, miré a ese cine que tantas veces había seleccionado para ver películas por todo lo anterior (de hecho lo seleccioné para ver María Antonieta de Sofía Coppola -película de la que podéis leer la crítica en la sección Películas- porque dado el lugar, sería como una ampliación de la película) y también por un jugosísimo descuento a primera hora de la tarde por el que sólo te cobraban 4’5 euros (siendo por tanto uno de los cines más baratos de Madrid y sin perder ni un ápice de calidad); y descubrí, para mi sorpresa, que en los enormes y típicos carteles de las películas proyectadas (tan tradicionales y maravillosos de la Gran Vía) eran de películas que había visto meses atrás (una de ellas era Tú la letra y yo la música, también podéis ver la crítica en la sección Películas), de hecho, mucho antes de irme de vacaciones.
      Me sobrevino la ingenua duda de si las películas habían tenido tanto éxito que aún seguían en cartel; pero no tardó en venirme una respuesta reveladora con un escalofrío, por mucho tiempo que esas películas pudieran aguantar en cartel, es totalmente imposible que se mantuvieran durante tantísimos meses en un mismo cine, ni el mismo Harry Potter lo conseguiría; así que la otra opción se tornó rápidamente evidente: el cine Avenida, un cine histórico, un cine por el que habían pasado muchas generaciones, una de las mejores y las salas de Madrid donde más merecía la pena ir, cerraba.
     Al principio no quise creerme semejante posibilidad, me resultaba absurdo que un cine tan consolidado como ese pudiera hacerlo, que se pudiera permitir; pero después de una no demasiado larga busqueda en internet, supe todos los detalles que, aunque no quisiera admitir, ya sospechaba.
     No sólo el cine Avenida, sino el de al lado el Palacio de la música cerrarán definitivamente, dos cines históricos por el precio de uno, dos iconos de la Gran Vía desaparecerán para siempre, sin dejar rastro, el templo de los sueños de mucha gente quedará destruído. Pero eso no es lo peor, no en absoluto, como el título de una de las películas posiblemente proyectadas en uno de los dos cines, esto sólo es el comienzo de Una serie de catastróficas desdichas, ya que la posibilidad de que el bajo quedara definitivamente abandonado y medio en ruinas no es lo peor que puede pasar, oh, no; ¿por qué?, pues lo voy a explicar, pues porque, por indignante que suene, esas casas del séptimo arte serán convertidas en un vulgar y nauseabundo centro comercial.
      Si así es, una vez más otra casa de la cultura es saqueada y destruída (para más detalles acerca de este tema, recomiendo la lectura de este artículo), creo que a esta altura ya no queda ninguna impune; las universidades han pasado de ser la casa de la cultura a la del título y en ellas ya sólo queda una falsa y doble moralidad en la que nada importa excepto una calificación final, y en las que nada queda de los valores e ideas con los que fueron fundadas en el s. XIII, todo devastado; tampoco los museos han podido escapar a un mundo que quiere ponerle precio a la cultura, y en los que lo que realmente importa es sacarle partido a las obras de personas que las hicieron para que la gente pudiera admirarlas cuando las contemplaba, que pudieran gozar del arte y sentir una satisfacción espiritual plena, ahora los directores de los museos, cuando ven las obras ya sólo ven las sumas cuantiosas que se les puede sacar por el copyright que tienen en la mano, eso sí, siguiendo esa falsedad habitual en estos casos, la disfrazan de proteger las obras, para que no se deterioren; y finalmente, que decir de las pobres bibliotecas, a las que se le quiere poner un prestamo de pago a los libros (eso sí, disfrazandola de “derechos de autor”), medida, gracias a Dios por fin alguien hace algo para proteger la cultura del interés monetario, que fue claramente rechazada por los bibliotecarios. Pues bien, ahora el capitalismo y la globalización galopante y constantes atacan la última casa de la cultura que les quedaba, los cines históricos, nuestros cines de la Gran Vía que ya no resultan competítivos porque no pueden hacerles frente a los supermulticines nuevos. En varias épocas varios filosofos dijeron que el avance y el progreso no siempre son algo bueno, nunca he estado más de acuerdo con ellos.
      No obstante, antes de precipitarnos en la defensa de estos palacios del cine, contaré las circunstancias en que se ha realizado (que podéis leer con mayor amplitud en cualquier periódico de internet); resulta que estes edificios pertenecen a la familia Solano, familia que por una ordenanza del ayuntamiento de Madrid tenía el deber de mantener esos bajos como cines porque era lo que siempre habían sido y era la tradición; desgraciadamente, los cines perdían dinero (lamento tener que decir, que sé que eso no es una excusa, puesto que las salas son enormes -hay una con 834 butacas- y nunca se llenan y en ocasiones el público asistente no pasa de 10 personas, lo que se por experiencia) y lógicamente, el ayuntamiento no puede obligar a una familia o a una empresa a perder dinero y a arruinarse, y dado que los Solano declararon que era imposible modificar el edificio o alquilarlo o venderlo; se tuvo que tomar una grave determinación, la ordenanza debía ser cambiada para que los cines desaparecieran. Esto no resultó difícil para el PP puesto que tiene mayoría en el ayuntamiento, y a pesar de las protestas de la oposición (que a mi francamente me parecen muy oportunistas ya que a ver que harían ellos en su posición, porque desde la oposición criticar está muy bien, pero lo importante es dar soluciones, y que yo sepa, no se hizo) el terrible cambio se llevó a cabo.
      Tampoco era posible hacer lo que se hizo con sus hermanos de vía el Coliseum y el Lope de Vega, reconvertidos de cines en teatros y salvados por los exitosos musicales, puesto que a diferencia de estos, en los que se compraron las casas de atrás para aumentar el escenario y así poder desarrollar las obras teatrales, en el caso de estos otros históricos cines no era posible comprar nada y en el caso del avenida lo que había detrás era la calle directamente.
      También se comentaba, para argumentar la horrible resolución, que hoy en día ese tipo de cines no resultan competitivos, puesto que la sociedad ha cambiado ya ahora se utiliza más bien internet (a lo que no voy a echar la culpa, tal como están subiendo los precios de los cines, de hecho os invitó a que bajéis cuantas podáis) o se va a los macrocines de las afueras, cosa que, lamento decir, no tiene excusa; comprendo bien que tengan aparcamientos y que ofrezcan una serie de servicios, pero seamos realistas, el precio es mucho mayor y con diferencia que en estos cines de la Gran Vía y en estos hay pantallas tan o más grandes que en los de afuera eso sin contar con un ambiente mucho mejor, y para los que puedan argumentar que no tienen un centro comercial para los que no quieran ir al cine mientras otros van, ¿acaso no está la Gran Vía llena de tiendas?
      Así que de este terrible y humillante final para estos cines tiene el público una parte de culpa muy importante, porque si cuando van al cine, fueran a estos en vez de ir a las afueras (que es además mucho más incomodo) no habría este problema y no estarían en proceso de convertirse en otro aborrecible centro comercial.
      Y a pesar de tener menos culpa por lo que acabo de explicar, no quiero tampoco exonerar al ayuntamiento de Madrid, que permite que (a pesar de que se vaya a conservar por ley el exterior intacto y parte del interior) se acabe con estes palacios del cine que forman una parte muy importante, no sólo de la historia de la Gran Vía, sino de la capital de este país (e incluso de la propia España).
      Pero como ya he dicho antes, criticar no sirve de nada, y aún dándome cuenta de la dificultad de la situación he decidido proponer una solución a esto, que quizás no sea perfecta pero al menos evita el desastre por una parte, esos cines, dado que son parte del patrimonio de la ciudad, podrían ser comprados y mantenidos por el ayuntamiento y ser utilizados para festivales, promocionar el cine español o o otro que interese como el europeo, alquilados para grandes estrenos en España o incluso utilizados para exposiciones relacionadas con el cine. Esta solución me ha venido a la cabeza debido a que en Galicia (los que leeis este espacio a menudo ya sabéis el afecto que tengo por esa comunidad) muchos cines/teatros de algunos pueblos sufrieron el mismo proceso, y llega el momento en que el ayuntamiento tiene que tomar la decisión de si conservar el patrimonio o tirar abajo con todo, y la última decisión nunca es favorable y los ojos de la historia, siempre vigilantes, la juzgaran muy severamente y harán que la gente guarde un mal recuerdo; pero como digo, conozco el caso de dos pueblos, en uno de ellos el cine/teatro se tiró y sus habitantes pasaron decadas y decadas sin poder ir a un cine o a un teatro, sin poder acceder a un area importante de la cultura (y a otras muchas, el pueblo no cuenta con grandes atracciones que digamos) y si querían acceder a ella tenían que desplazarse hacia la ciudad más próxima, ¿se puede privar a la gente de los bienes culturales?, yo creo que no, el ayuntamiento hizo mal por donde lo miremos. En el caso del otro pueblo que comentaba, allí se conservó el cine/teatro que estaba en manos privadas y por eso se compró, y cuando corrió peligro de derribarse fue inmediatamente restaurado; actualmente, está en perfecto estado y a ese pueblo llegan películas (con cierto retraso naturalmente) y obras de teatro a las que todo el mundo puede ir con facilidad porque los precios son de risa, sin duda el ayuntamiento tomó una buena decisión (aunque la gente del pueblo no está siendo muy agradecida porque excepto algunas veces, el inmenso cine raramente se llena, por lo que me entra un terror espantoso a que algún día se llegue a cerrar).
      Mi segunda opción para evitar la reconversión de esos cines de la Gran Vía sería una reconversión en museos del cine en general o del cine español, que ya que tenemos museos de otras muchas cosas, uno del cine no nos vendría nada mal y de ese modo se guardaría parte de su antigua funcionalidad, y aunque los estrenos de películas antiguas los tenga el cine Doré, yo creo que podrían compartirlos.
      Probablemente alguien me dirá lo mismo que se dijo cuando el ayuntamiento decidió vender las acciones del parque de la Warner porque perdían dinero de que “el ayuntamiento no puede estar subencionando montañas rusas”; pero en este caso no hablamos de montañas rusas, no hablamos de unos cines cualquieras perdidos por algún sitio, nos estamos refiriendo al centro de la cultura de Madrid, a los cines más famosos si cabe de España, porque todo el mundo sabe que la Gran Vía es famosa por sus cines y sus teatros al igual que lo es Broadway por estos últimos; y espero, deseo con toda mi alma que no acabe convertida en un enorme centro comercial, basurero del capitalismo y la globalización, enterrador de la cultura; que la proxima música que se escuche allí sea la hermosa banda sonora de un musical y no el horrible último éxito facilón de un cantante promocionado a morir por una discografica ansiosa de más y más dinero y no de música de calidad; que lo único que cuelgue de allí sean los enormes carteles de los próximos grandes estrenos que harán soñar a todos los que pasen por allí con nuevos personajes y mundos por descubrir y no con nuevos productos que realmente no se necesitan y que no inspiraran a nada bueno.
      Desde Universo de A dirijo esta protesta, para todo el que quiera y que crea que la cultura debe prevalecer siempre sobre el interés monetario, que mande también su protesta al ayuntamiento de Madrid y que se oponga a la caída de los palacios del cine.

Post scriptum: 13-09-09; creo que he publicado este artículo hace por lo menos 3 años; pues bien, parece que los palacios del cine sí han caído, al menos uno de ellos, el precioso cine Avenida (donde recuerdo que algunas de las últimas películas que ví fueron: María Antonieta, Descubriendo a los RobinsonTú la letra y yo la música, Premonición -estas dos fueron las últimas y sus carteles estuvieron durante meses en la Gran Vía; aún cunado las películas que representaban hacía mucho que habían salido de cartel-), cuyos precios y pantallas coincidían en calidad y que invitaban a ir al cine es ahora una tienda de ropa H&M, por suerte, han respetado el precioso vestíbulo que le da una categoría inmerecida a esta tienda, pero cuando entras a donde estaban las salas, te horrorizas descubriendo que realmente, aquello es una tienda de ropa. Se acabaron las caras expectantes y soñadoras deseando que les cuenten una historia, añorando salir del mundo por unas horas y disfrutando hasta el final; no, todo eso ha sido sustituido por una iluminación terrible y por más y más ropa, y la gente, la gente ha sido cambiada por personas malencaradas que revisan una y otra vez entre las telas con cara de absoluta amargura debatiéndose entre la necesidad, o no, de una prenda y su precio.

      Fue algo realmente triste, he de reconocer que salí acongojado, y con el único consuelo de que, al menos, me quedaba el vestíbulo para recordar (aunque hay que reconocerles que también limpiaron la pared exterior), donde aún se conservan las letras doradas “sala 1” o “a la sala 2”.

     Visto el Avenida, cabe preguntarse que pasará entonces con el Palacio de la música, parece que tendrá más suerte y no seguirá los pasos del anterior, Caja Madrid decía en un cartel que “lo estamos rehabilitando para la música”, esperemos que sea cierto, y que en ese lugar en el que ví Teresa, el cuerpo de Cristo, Los fantasmas de Goya, Los productores (de la que también pudimos disfrutar de la obra de teatro) o la premiere (¡toda una historia!, ¡leela aquí!) de Sweeney Todd  (que también fue representada) vuelva a sonar la música, vuelvan a sonar los sueños y que lleguen a las mentes de unos espectadores que aunque no lo merezcan (¿por qué nadie luchó porque se mantuvieran como cines?), al menos el edificio conserva parte de lo que fue y de lo que en cierto modo, siempre será. Por cierto, todas los filmes nombrados, tienen su crítica en la sección Películas, en las felices fechas en las que estos cines palaciegos aún seguían abiertos.

 
Esta entrada fue publicada en Noticias y política. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a La caída de los palacios del cine

  1. A dijo:

    Espero que con el tiempo vuelvan a abrir más cines y más teatros en la Gran Vía y vuelva a tener el brillo de otros tiempos.

  2. A dijo:

          Permíteme que lo dude, si hoy no defendemos lo que queremos mañana no nos quedará nada; es decir, si hoy no salimos a la defensa de estos cines en el futuro el único brillo que verás es el de un cartel en el que pone "centro comercial".

  3. Pingback: El circo, Chaplin en el Teatro de la Zarzuela | Universo de A

  4. Pingback: ¡Salvemos la Gran Vía, salvemos nuestra cultura! | Universo de A

  5. Pingback: Críticas exprés: Tenemos que hablar / ¡Ave César! | Universo de A

  6. Pingback: Críticas exprés: Mi amigo el gigante / Ice age (5), el gran cataclismo | Universo de A

  7. Pingback: Crítica exprés: La Reina de España | Universo de A

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s