La guerra de Daisy: Capítulo 4

      Y aquí llega otra entrega seguida de este emocionante relato (nunca tanto se avanzó en tan poco tiempo), del que, como ya sabéis podéis ver desde el principio en la sección Grandes Relatos, espero que lo disfruteis:

Capitulo 4:

El hombre abrió la puerta y Daisy entró, a continuación el lo hizo también, cerró la puerta y caminó hacia los que parecían ser sus compañeros aunque no les dijo nada.

Daisy observó donde estaba, aquel pasillo que en principio sólo daba la impresión de que fuera de las oficinas comunes, la había llevado en realidad a un despacho monumental y precioso. Para comenzar era enorme, y era todo de madera, con una gran biblioteca que parecía rodearlo todo, alfombras… etc, todo destilaba elegancia, estaba claro que no se hallaba en el despacho de un funcionario cualquiera, aunque desgraciadamente no había podido leer el nombre del propietario, tal vez lo habían quitado a proposito antes de que ella llegara.

En el centro se hallaba un escritorio estilo victoriano de madera oscura enorme, que hacía juego con las estanterías, y en la butaca que lo acompañaba, se sentaba un hombre extremadamente delgado, calvo, de rasgos afilados pero astutos con aire reflexivo y que parecía ser el más importante de ellos o al menos el que iba a llevar la conversación, puesto que los otros dos hombres (incluyendo al que la había traído) permanecían de pie, el que se había identificado como de Scotland Yard se había apoyado en otra mesa próxima y el que no conocía era relativamente joven (al menos mucho más que el resto) tendría cerca de unos 35 años y una gran mata de pelo en la cabeza, no obstante, y a pesar de ser el único de ellos que estaba en mangas de camisa, vestía y tenía gestos de perfecto caballero inglés, y en aquel momento estaba mirando por el amplio ventanal del despacho que tenía las cortinas semibajadas, mientras se ponía la mano en la boca, como si le preocupara algo de afuera.

Como todo el mundo se comportaba como si no estuviese, Daisy optó por no llamar la atención, así, tal como ellos, podría ordenar sus ideas.

      Finalmente, el hombre de la butaca tras el escritorio victoriano abandonó sus reflexiones y dijo con voz tranquila y prestando atención a la mujer que estaba de pie delante de él:
-Por favor, sientese señorita Grover -dijo con una dulce amabilidad, como si todo el tiempo que hubiera estado pensando lo hubiera empleado en decidir como dirigirse a ella- disculpe que la hayamos traído así…
      “Menudo cambio del que me trajo a este” pensó de forma rápida Daisy.
-pero ha de tener en cuenta -continuó el hombre de la butaca- que ni había demasiado tiempo ni formas de traerla aquí con la suficiente discreción, a veces el factor sorpresa es fundamental, evita que la gente reaccione de un modo u otro, y dado que algunos de ellos pueden ser muy perjudiciales, este metodo ha resultado ser el mejor.
      En este momento pareció que llegó a la parte que a todos les interesaba de la conversación, pues todos los presentes en la sala comenzaron a prestar atención.
-Señorita Grover, ¿cual es su nacionalidad? -continuó el hombre.
-Soy norteamericana -dijo Daisy con seguridad.
-No está diciendo la verdad, señorita Grover -dijo el hombre de la butaca con paciencia.
-Por supuesto que sí, aquí tiene mi pasaporte -dijo mientras enseñaba el documento que llevaba en el bolso.
-Usted sabe que no hablamos de su actual nacionalidad, sino de donde usted nació, de la que debería ser su patria y que parece que finje olvidar -dijo el hombre comenzando a ponerse ligeramente nervioso.
-Lo lamento, no se de que me hablan -dijo Daisy de forma orgullosa.
-¡¿No lo sabe?!, -explotó el hombre que hasta aquel momento no había dicho nada- pues aquí está su partida de nacimiento, y toda la documentación que pudimos encontrar durante su infancia y adolescencia en Inglaterra, ¡hasta sus primeras notas! -dijo mientras tiraba los documentos que había nombrado y muchos más al escritorio-, con lo que hablemos claro señorita, está hablando nada más y nada menos que con el el director del MI6, el de Scotland Yard y conmigo, Vernon Kell, director del MI5.
      Daisy se quedó impresionada y sin saber como reaccionar; esos hombres con los que estaba eran nada más y nada menos que los directores de las diferentes agencias secretas del Reino Unido; el del MI6 para el extranjero; el de el MI5 para el interior; y Scotland Yard era la propia policía, ¿que significaba todo aquello?, la guerra mundial había acabado hacía más de 4 años, que se suponía que hacían ahora, y lo que es más importante, ¿que era lo que querían de ella?; en cualquier caso, estaba tan atemorizada, el asunto había llegado a esferas tan altas, de hecho mucho más de lo que podía imaginar, lo único que podría sorprenderla en aquel momento es que resultara que aquellas estanterías guardaban una puerta secreta que fuese directa al palacio de Buckingham y que saliera también el Rey Jorge V con la corona de S. Eduardo para interrogarla. Por suerte para que pudiera mantener su salud mental, tal cosa no ocurrió.
-¡Basta! -medio gritó el que ahora sabía director del MI6- ¿¡se puede saber en que estabas pensando!?
-En algún momento había que decirselo -respondió de forma impaciente e impertinente el del MI5
      El del MI6 iba a contestar pero el de Scotland Yard los interrumpió diciendo con su habitual tono seco:
-Caballeros, ese no es el tema -y todos volvieron a fijar su mirada en Daisy.
-Verá, señorita Grover -volvió a comenzar amable el hombre del MI6- sabemos bien porque no le agrada su país, opina que se metió en una guerra innecesaria que por encima se llevó a su padre al que tanto quería, ¿no es así?
      Al momento volvieron a Daisy multitud de recuerdos dolorosos que pensaba que había encerrado en el baúl de los recuerdos para siempre, un baúl que había dejado precisamente allí, en Inglaterra. Tuvo que esforzarse por contener las lágrimas.
-Pero la verdad, es que cree eso, porque no conoce la visión de conjunto -continuó el hombre adoptando un tono comprensivo- porque su padre, no era un simple funcionario que trabajaba en Windsor para la familia real, sino mucho más.
      Daisy contuvo el aliento, ahora ya no sólo era lidiar con terribles recuerdos de perdida y dolor, sino que empezaba a temer que iban a decirle algo que no estaba segura de que quisiera escuchar.
-Al igual que cuando su padre fue a la guerra, no fue como un soldado más -aclaró el del MI5
-exacto, fue como espía
      Daisy ya no podía contenerse más y exclamó:
-Entonces, ¿está vivo? -dijo ya con lagrimas en los ojos.
-No lo sabemos, desapareció antes de que terminara la guerra, no se volvió a saber de él a pesar de que la operación que estaba llevando a cabo salió bien, probablemente murió en ella -dijo como dándole el pésame.
-Pero, ¿porque no supimos nada de su doble vida, porque? -dijo Daisy sin saber muy bien como reaccionar ante la noticia.
-Probablemente porque quería protegerlas, él siempre dijo lo mucho que amaba a su familia y trataba de mantenerla totalmente alejada de su trabajo o doble vida como usted la llama; de hecho, siempre intentó crear una vida como espía y otra como padre de familia; llegó a crear dos identidades distintas, incluso oficialmente (lo cual, no hace falta añadir que está prohibido), para lograrlo e impedir arrancar a su familia de la inocencia de una vida feliz y bucólica en el campo; es incluso muy probable que ni tan siquiera su madre nunca supiera nada de esa vida, siempre me resultó sorprendente el como podía combinar ambas facetas sin volverse loco -dijo de forma nostálgica- pero creo que solía decir que era que cuando estaba aquí era un espía con una misión, y cuando estaba en Windsor un marido y padre amante; de ese modo conseguía mantener el equilibrio; y la verdad, muchos agentes necesitan contarselo a alguien de confianza, esta profesión tiene bastante presión…
-Pero lo importante -continuó el de Scotland Yard viendo que su compañero empezaba a divagar- es que fue un patriota que amó a su país y a su Rey y decidió que salvar a sus conciudadanos, entre los que se incluía su familia, era lo más importante y lo que debía de estar por encima de todo; porque cuando vió que su reino estaba en apuros, no dudo en acudir a socorrerlo.
-Y ahora vuelve a estarlo -añadió el del MI5
-Por eso, y dado el magnífico historial de su padre -continuó el del MI6- habíamos pensado que usted nos podría ayudar con ciertas misiones insignificantes en norteamerica, a la que va volver pronto, y en la que usted es considerada norteamericana, pues usted misma se ha ocupado, muy habilmente hemos de admitirlo (lo que fue otro de los motivos por los que decidimos contactar con usted) de ocultar su origen inglés; y por tanto sería una infiltrada ideal.
-Perdone -interrumpió bruscamente Daisy- creo que se equivoca, no se que tienen entre manos, si piensan declarar otra guerra injusta en la que muera más gente o cualquier barbaridad, pero bajo ningún concepto voy a suceder a mi padre, no me importa lo que hiciera, ¡nos abandonó!, por muy noble que fuera su causa dejo a su familia de lado y optó por el ente abstracto que es su país, pueden estar seguros de que yo no tomaré la misma decisión.
-Pero si ya lo ha hecho -contestó sarcásticamente el del MI5- ¿es que acaso usted ha estado con su familia? tan pronto supo lo de la desaparición de su padre y tuvo la oportunidad, se marchó en medio de la guerra a norteamerica porque pensaba que allí no participarían, dejando a su familia sola, y más tarde pasó años intentando borrar una identidad a la que sentía tirria mientras escribía cartas de lo más afectuoso a su familia (lo que resulta bastante hipócrita), aunque no todo le salió bien, ¿no? al final los EEUU se unieron al final de la guerra; digame, ¿como le sentó eso?, ¿pensó en mudarse entonces a Arabia Saudita?, aunque no le hubiera convenido, uno de esos bailes y canciones suyos por los que se ha hecho famosa y la hubieran apedreado.
-Se acabó- contestó Daisy mientras se levantaba- me parece que no me tienen nada más que decir y yo tampoco, rechazo su amable oferta y no hablare jamás a nadie de esta reunión que yo misma deseo olvidar cuanto antes, buenas noches.
-¡Espere señorita! -dijo como siempre amable el del MI6- creo que nos ha malinterpretado todo, verá su padre tampoco quería una guerra, de hecho luchó por evitarla porque sabía que le separaría de forma definitiva de su familia; pero al final resultó ser inevitable; aún nos estamos reconstruyendo de esta y lo menos que queremos es otra.
-¿Otra?, ¿pero es que el mundo se ha vuelto loco?, ¿cuando se ha declarado otra guerra en Europa?
-Se ve que su trabajo en Norteamerica la tiene alejada de las noticias Europeas -dijo el del MI5 mientras sacaba unos periódicos de una carpeta de las estanterías- observe, la situación, en Italia un loco se ha hecho con el poder y habla de imperialismo, y todos sabemos lo que ello implica.
-Por si fuera poco -aclaró el de Scotland Yard- en Alemania parecen estar pasando un proceso parecido con un tal partido nazi que por lo visto dirige un austriaco llamado Adolf Hitler; eso sin contar la aparición de un gobierno también de talante autoritario en España para reprimir el continuo desorden; o el auge del comunismo en Rusia. En definitiva, Europa sigue muy mal a pesar de haber acabado la gran guerra y se ha convertido en un caos.
-Lo que queremos decirle -continuó el del MI6- es que a menos que lo evitemos, para lo cual necesitamos su ayuda, en no demasiado tiempo podría haber otra terrible guerra que destrozara Europa de nuevo.
-Reconozco que eso sería desagradable -afirmó Daisy- pero no tiene nada que ver conmigo, como ya he dicho, soy una ciudadana norteamericana y los asuntos europeos no me interesan -dijo mientras se daba la vuelta para dirigirse a la puerta.
-En ese caso -dijo el de Scotland Yard- si no lo hace por su país o por sus ciudadanos, hágalo por su familia inglesa, ¿o es que acaso ha olvidado las penalidades de la guerra?, ¿cree que no las sufrirían?, antes tenían el sueldo de un agente importante del servicio secreto, ahora poco más que una pensión de viuded, ¿como cree que les irá en la guerra?, ¿acaso no recuerda la situación de familias menos afortunadas que usted?.
-Lo único que le pedimos, -dijo el del MI6- es que lo piense, no será gran cosa, no pensamos somenterla a grandes peligros, e incluso lo que haga por su país y para su majestad podría resultarle útil a usted, a su carrera en norteamérica y por supuesto a su familia. Por si fuera poco, gracias a nuestra reciente reestructuración con el arreglo de 1921, podemos proporcionarle visitas sin problemas ni peligros para informar a nuestro embajador e incluso inmunidad diplomática. Y tampoco olvide que a su padre le hubiera gustado que su hija hiciera lo posible para evitar una guerra que podría destrozar su familia por segunda vez.
      Daisy llevaba ya horas allí agobiada por aquellos hombres, así que decidió ceder parcialmente.
-Y si aceptara, ¿que tendría que hacer?
-Muy simple, sólo asegurarse de que los EEUU apoyarían al Reino Unido y a nuestros aliados en caso de otra guerra e informarnos de todos los movimientos y decisiones respecto a eso de ese país, pues eso despertaría el temor de nuestros enemigos y evitaría que la declararan; para ello, naturalmente se codeará con altos dignatarios, con lo cual le puedo asegurar que a partir de ahora, su carrera será empujada por el servicio de inteligencia de su majestad, y puedo asegurarle que somos buenos en eso. Como puede comprobar es una misión sencilla en la que no se corre ningún riesgo y sólo afectará para bien a su vida, su carrera y su familia.
     “Sí, ya veo que lo está empezando a hacer” pensó Daisy con sarcasmo.
-Naturalmente, no tiene porque contestarnos hoy, no esperamos que tome ya la decisión, -volvió a decir el del MI6 comprensivo- pero tenemos entendido que actuará en uno de esos clubes nocturnos de Nueva York dentro de dos semanas -dijo con deliverada distracción mientras miraba distraidamente unos documentos, aunque era obvio que conocía perfectamente todos los detalles y no necesitaba consultar nada-, momento en el cual, nuestro embajador en EEUU se sentirá tan fascinado por su esplendida actuación que la invitará a la embajada, el día en que sea citada, deberá dar la respuesta a nuestra pregunta ese día, no habrá mas retrasos. Bueno, es tarde así que no quiero entretenerla más tiempo, así que puede irse si no quiere decir nada más, el mismo taxista que la trajo aparecerá de nuevo en la puerta y la llevará a su hotel si así lo desea, buenas noches.
      Dijo el del MI6 mientras se despedía y el de Scotland Yard acompañaba a Daisy a la entrada para llevarla de nuevo por el camino por el que habían llegado.
     Cuando los dos directores de los servicios secretos se quedaron solos y estuvieron seguros de no ser oídos por nadie, el del MI5 dijo:
-¿Y si descubre la verdad sobre su padre una vez que ya sea espía?
-Tranquilo Vernon -dijo con una frialdad absoluta que no había mostrado a Daisy el del MI6 que se llamaba Hugh “Quex” Sinclair y que estaba a punto de suceder al director real del MI6 Cumming que moriría al año siguiente, y que de hecho, ya se ocupaba de muchas de sus facetas- yo me encargaré de ocultar eso de momento y asegurarme de que la chica no lo sepa; y ambos sabemos que es inevitable que acabe descubriendo la verdad, pero para cuando lo haga, puedo asegurarte que ya será tarde -concluyó mientras sorbía la última gota de su té con limón que se había quedado frío después de una noche tan larga.
Continuará…
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3 respuestas a La guerra de Daisy: Capítulo 4

  1. alberte dijo:

    ben moi ben

  2. A dijo:

           Esá moi ben que che gustase, ¡pero terás que volver para saber como segue!

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