La guerra de Daisy: Capítulo 3

      La verdad es que Grandes Relatos siempre fue una de las secciones que quise hacer, y me ha parecido injusto haberla dejado descuidada durante tanto tiempo, por lo que voy a poner algun capítulo más seguidos (no demasiados porque sino descuidaría al resto de secciones) ya que al paso en que vamos esta novela no se acabará nunca, aunque soy consciente de lo mucho que disfruto haciendola, espero que tanto como vosotros leyendola:

Capítulo 3:

      Aquella fría noche inglesa de 1922 no era lo más agradable para dar un paseo, y si bien el inexcrutable hombre que la acompañaba no parecía tener el más mínimo frío, tal vez porque él mismo era más frío que el propio tiempo; si que lo tenía aquella artista de piel clara, casi palida; labios dulces y rojos y hermoso y brillante cabello negro corto; que aquella noche no había previsto un paseo por Londres y que no llevaba más que un lígero abrigo de piel que servía más para dar a los que lo vieran sensación de elegancia que para cubrir aquel cuerpo delgado y atletico, que se había formado así gracias a las complicadas coreografías que ella misma solía diseñar para sus canciones y que exigían un entrenaminento diario pues se podían a llegar a hacer varias acrobacias seguidas (una de las cosas que más impresionaba al público y que en parte la había catapultado a lo más alto hasta llegar a actuar en Broadway y convertirse en una de las chicas Ziegfeld, cosa muy importante en la época); a pesar de eso, la chica era delicada y lo cierto es que estaba bastante acostumbrada a las comodidades; así que entre aquel frío y aquel hombre igualmente helado; el primero le congelaba el cuerpo, y el segundo el alma.

Daisy nunca se había caracterizado por quedarse sin palabras, con lo cual, sorprendida por su actitud, decidió romper el silencio aún a riesgo de provocar una situación más incomoda y formuló una pregunta que estaba deseando hacer mientras ya se iban aproximando al desertico Picadilly Circus que por el día hubiese sido una de las zonas más concurridas de la ciudad:

-Digame señor… -dijo Daisy esperando que el hombre completara su frase con su nombre, como no lo hizo, decidió continuar- estoy intrigada, ¿como supo como iba a reaccionar y lo que iba a hacer esta noche?, como por ejemplo, ¿como sabía por donde iba salir del teatro, cuando lo iba a hacer, que iba a reclamar a un policía… etc?

-Es mi trabajo saberlo -dijo el hombre cortante- ah, mire, ahí está nuestro taxi, puntual como siempre.

Daisy estaba desconcertada, en una misma noche estaba siguiendo a un desconocido, se estaba montado en un taxi con él e iba a tener una supuesta reunión en la sede de Scotland Yard; aquello no parecía real, sino una pesadilla de la que deseaba despertar cuanto antes.

Una vez dentro del taxi, el hombre no dijo nada al taxista que por una misteriosa razón sabía perfectamente a donde ir sin que nadie le diera ninguna dirección (rapidamente Daisy dedujo que el taxista era mucho más que eso; lo que no hacía más que inquietarla aún más, ¿a que venía tanto secretismo?).

Pronto se alejaron del centro y comenzaron a ir por calles menos iluminadas; mientras eso sucedía, nadie pareció tener nada que comentar hasta que el hombre dijo:

-Señorita Grover, va a tener una reunión totalmente secreta, estrictamente confidencial, espero que entienda lo que digo, esto jamás ha sucedido, y no debe contarselo a absolutamente nadie, al menos de momento, ni siquiera a su madre Rose o su hermana Violet a las que pensaba visitar mañana en Windsor antes de volver a nortemerica en dos días…

-¿Pero como… -dijo entre asombrada y escandalizada Daisy

-Como ya le he dicho -dijo con la expresión de quien está harto de repetir una y otra vez algo- es mi trabajo saberlo. Como le iba diciendo, tendrá una reunión inexistente con unos caballeros que jamás habrá visto; en la reunión procure evitar su tendencia a hacer continuas preguntas y responda con claridad y sinceridad, especialmente lo último, como acaba de comprobar, sabemos todo lo que hay que saber de usted, probablemente más de lo que pueda imaginar -aquel hombre claramente sabía como intimidar a alguien- y sobre todo sea consciente de la relevancia de esta reunión, tanto para su vida como para su país.

El coche paró, al fin habían parado ante un edificio bastante grande que aparentemente estaba cerrado y en el que parecía que no había nadie, pero que tan pronto aparcaron se notó la presencia de alguien detrás de la puerta que parecía dispuesto a abrirla y cerrarla lo más rápido y discretamente posible tan pronto entraran.

Daisy seguía sin saber muy bien como reaccionar, aquella maravillosa introducción del hombre tétrico que la había ido a buscar no era lo mejor para coger confianza; no obstante, decidió mostrar sus grandes dotes dramáticas y fingió tener una gran seguridad en si misma la cual reafirmó cuando confirmó por un enorme cartel que efectivamente aquella era la sede de Scotland Yard, lo cual hizo mientras ascendía con sus elegantes zapatos de tacón alto la escalera que llevaba a la puerta con la misteriosa persona detrás; sin tener ni idea de lo que la aguardaba allí.

Tal como había supuesto, el hombre abrió la puerta tan pronto llegaron y el policía casi la empujó dentro rapidamente. Estaban dentro del edificio.

Siguieron andando mientras seguían al hombre de la puerta al que Daisy no llegó a verle la cara, por un amplio y oscuro vestibulo hasta unos ascensores donde se hizo todo lo posible por ocultar a la chica a que piso subían “tal vez” -reflexionó- “todo está oscuro no sólo por otras personas, sino también por mi, para que no pueda describirlo en un futuro”, la artista siguió reflexionando sobre esto mientras subían.

Por fin, llegaron al piso correspondiente y el hombre de la puerta se quedó en el ascensor, mientras Daisy seguía siendo escoltada por el hombre que la había ido a recoger y al que siguió por un largo pasillo oscuro en el que sólo se advertía la luz de la luna que entraba por las ventanas de los despachos acristalados pero con todas las persianas bajadas y las puertas hermeticamente cerradas que se extendían por aquel, en opinión de Daisy, infinito pasillo.

Finalmente, se acercaron a una puerta con un cristal cercana al final, en la que se adivinaba una pequeña luz.

-Pase -dijo con cierta cortesía por primera vez el hombre- ya sabe que la estabamos esperando.

Continuará…

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3 respuestas a La guerra de Daisy: Capítulo 3

  1. alberte dijo:

    intrigante

  2. A dijo:

         Ese é precisamente o principal obxetivo deste relato, que a xente lle intrigue e volva aquí para continualo e comentalo.

  3. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

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