La guerra de Daisy: Capítulo 2

      Soy consciente de lo mucho que he tardado en publicar el segundo capítulo (mirar las fechas espanta), pero como nadie lo pedía a gritos, pues se fue dejando y dejando (la verdad es que la forma de completar el space es ir de sección en sección aunque algunas tienen más prioridad que otras), así que a quien le interese leerl esta novela por entregas de forma más habitual, que no dude en decirlo a través de un comentario o algo, y yo responderé, como siempre, a su interés haciendo todo lo posible para cumplir sus deseos, que las sugerencias en este espacio siempre son bien recibidas.
     Como siempre recordar que quien quiera leer la historia desde el principio y así enterarse de que va que vaya a la sección Grandes Relatos, donde podrá encontrar todo lo anterior. ¿donde nos habíamos quedado?, ah sí:
 
Capítulo 2:
 
      Al acabar de leer la nota, Daisy estaba aterrorizada, ¿que significaba aquello?, ¿quien se atrevía a mandarle semejante misiva?. A pesar del miedo, decidió contenerse y sacar su mejor sonrisa para preguntar por todo el teatro entre risas y con aparente despreocupación quien había traído aquella nota.
     Le respondió el actor que lo había hecho con las siguientes palabras:
-Pues no se, era un hombre mayor, ¡seguramente un vejete pervertido!, y no vestía mal así que si es tan discreto a lo mejor es un lord que quiere llevarte a su dormitorio esta noche; ¡sin duda has triunfado esta noche, guapa! -dijo el actor irónicamente
     Daisy se rió, aquello no le gustaba nada, no paraba de recordarle a las mafias de norteamerica, y por esa razón tampoco se atrevía a contarselo a nadie; así que después de reflexionar un rato decidió hacerse la despistada y salir lo antes posible, pero por la puerta principal, con algo de suerte aún encontraría a algunos espectadores rezagados de la función y se podría confundir con ellos, luego sólo tendría que coger un taxi y escapar a cualquier lugar lejos de ese teatro, “si, es un buen plan” pensó Daisy.
     Pero para su desgracia, se había retrasado tanto que no quedaban espectadores rezagados con lo cual se encontró el vestibulo del teatro totalmente vacío, de una forma que asustaba incluso, cada vez se sentía más tensa, las calles parecían totalmente vacías y el teatro cada vez lo estaba más, pero, ¿como ella, una persona que no conocía a nadie allí iba a tener el valor de decirle a alguien que la acompañara sin que pareciera algún tipo de sugerencia con dobles intenciones?, no había más remedio que enfrentarse a la vacía y silenciosa calle Windmill totalmente sola; tan pronto salió del iluminado teatro se ciñó el sombrero para lograr taparse la cara lo más posible y así intentar pasar desapercibida y comenzó a apurar el paso todo lo que pudo; pero un hombre la paró según dio cuatro pasos exactos.
-Vaya señorita Grover, me alegro de que haya acudido puntual a nuestra cita
      Dijo el hombre que había dejado la nota; el cual era un hombre de estatura media, pelo ya totalmente canoso, con un mostacho que le daba a veces aire de seriedad y respetabilidad y otras un aire temible, dependiendo de la mirada que usara con sus profundos e inexcrutables ojos verdes. Su forma de vestir era simplemente impecable, la del típico caballero inglés, lo que completaba con un bombín negro.
-Disculpe, pero no se de que me habla, he de irme, me esperan en una fiesta -mintió descaradamente Daisy
-¿En serio?, ¿cual?, ¿a estas horas de la noche?, no sabía que Inglaterra hubiera decidido adoptar el horario español
-Eso no es de su incumbencia, he de irme- respondió Daisy intentando librarse del molesto desconocido
-Sabe, -dijo impasible el hombre- aún en el caso de que cambiaramos de horario, no es posible que vaya a ninguna fiesta, no la hay en todo Londres, y es imposible que acuda a alguna de algún pueblo cercano pues para cuando llegara la fiesta se habría acabado
     El temor de Daisy empezaba a no ser nada comparado con el enfado que comenzaba a sentir, así que se dió la vuelta y le dijo al hombre:
-Escuche, si sigue molestandome llamaré a la policía
-En ese caso, me alegra decirle que no tendrá que buscar mucho, Scotland Yard -dijo el hombre con una sonrisa medio burlona asomandose en su seria apariencia mientras enseñaba una placa de la conocida policía inglesa.
     Daisy se quedó boquiabierta, ¿es que todo aquello era un juego orquestrado por aquel hombre o alguna especie de broma pesada?; primero la nota en el camerino indicandole una puerta, pero acaba prediciendo que va a salir por la otra, y luego el acoso fuera del teatro para acabar rebelando que es un policía; ¿que se supone que significa todo esto?
-Y ahora, señorita Grover, si hace el favor de acompañarme debemos ir a la sede de Scotland Yard, ya que hay ciertas personas interesadas en hacerle unas preguntas
-¿es que acaso estoy arrestada? -preguntó Daisy entre indignada y sorprendida
-Si lo quiere ver así -respondió el hombre de forma burlona, comenzando a caminar y dejando a Daisy atrás
-¿Ah, si?, ¿y con que cargos? -dijo Daisy dispuesta a defenderse de cualquier cosa
     En aquel momento, el hombre pareció perder todo el sentido del humor, se dió la vuelta y dijo con una voz y una mirada que harían temblar a cualquiera, y que parecía estar bastante acostumbrado a poner.
-Mire señorita, estoy empezanzo a cansarme de perder el tiempo con usted, así que lamento recordarle que está en un país extranjero y se está enfrentando a su policía y a sus leyes; así que si quiere evitarse problemas yo si fuera usted me acompañaría. Naturalmente, si lo desea puede quedarse y hacer lo que le venga en gana, estamos en un país libre; pero luego tal vez pueda tener diversos problemas el resto de su estancia o con su pasaporte cuando desee marcharse.
     Daisy se quedó temblando, una vez más, aquel mensaje no admitía replica, así que siguió al hombre mientras este ya se iba caminando hasta alcanzarle. Caminaron en silencio pues ambos parecían tener muchas cosas importantes en que pensar; no obstante Daisy era la que estaba más intranquila de los dos, porque no paraba de hacerse las siguientes preguntas “pero, ¿que puede querer Scotland Yard de mi? y además a estas horas, ¿y cual es el motivo de tanta insistencia y urgencia?” las cuales no contribuían precisamente a aumentar su tranquilidad. 
 
Continuará…
Esta entrada fue publicada en Grandes relatos. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La guerra de Daisy: Capítulo 2

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s