Los Palacios de Patrimonio nacional

                              

Estas son mis siguientes obras para agregar en mi museo personal virtual de Universo de A (ya veis, como hace tiempo que no hago “adquisiciones” ahora realizo un monton de una sóla vez); todos estos palacios están al servicio de la corona española (más datos en la sección Noticias y política, el artículo sobre las instituciones al servicio de la monarquía española); lo que impide que puedan ser palacios-museo totalmente, como lo es, por ejemplo, el palacio de Versalles; pero si nos paramos a pensar, yo francamente prefiero un palacio en el que una monarquía celebra tradiciones de hace siglos y que aún tiene sus funciones como palacio “real”, que un edificio muerto como el de Versalles en el que ya no queda ni un halo de lo que pasó, y toda su gloria monarquica se queda en menos que un simple recuerdo.

Aunque también es verdad que, si bien soy partidario de que se hagan estas magnificas ceremonias (y que dejen más margen de participación al pueblo -además de que se retransmitan por televisión o sean más seguidas por la prensa-, como en Reino Unido por ejemplo) también es verdad que creo que se debería de enseñar mucho más palacio del que se enseña en la mayoría de ellos (de hecho uno de mis sueños siempre ha sido, librarme de las barreras que imponen y abrir todas y cada una de las puertas del Palacio Real -por ejemplo- y descubrir de una en una todas esas habitaciones que poca gente ve, tanto las más reales, como las de los criados, la guardia, absolutamente todo; en fin, que pena que sea un sueño irrealizable).

Por otra parte destacar que estos palacios en su momento cumplieron funciones muy importantes, puesto que hubo una época en la que los monarcas españoles hacían una especie de “gira” por todos ellos, y así estaban en el ambiente adecuado cada época del año; puesto que para el otoño utilizaban el Escorial, para el invierno el Palacio Real, para la primavera Aranjuez, y finalmente, para el verano La Granja; es una maravillosa tradición que se debería recuperar hoy en día, puesto que resultaría de lo más espectacular.

Por otra parte me alegro de meter el noble arte de la arquitectura en un artículo tan completo, puesto que me gusta más que la escultura y la pintura (a pesar de que la primera obra de mi museo fuera una escultura) , tal vez porque siempre me ha parecido más útil y monumental a la hora de enseñar o demostrar algo.

Post scriptum: se añaden enlaces en los nombres para enseñar las fotos que hice durante mis visitas a los distintos palacios.

Bueno, los Palacios reales que adquiero para mostrar en mi museo personal son:

 

-El Palacio Real (o de Oriente):

El Palacio Real de Madrid es la residencia oficial de Su Majestad el Rey de España, que lo emplea en las ceremonias de Estado, aunque no habita en él.
El origen del palacio se remonta al siglo IX en el que el reino musulmán de Toledo construyó una edificación defensiva que después usaron los reyes de Castilla, sobre la que en el Siglo XVI, se construyó el Antiguo Alcázar.Destruido este por un incendio en la Nochebuena de 1734, Felipe V quiso que el Palacio Nuevo ocupase el mismo lugar. Toda la construcción se hizo abovedada, en piedra y ladrillo, sin madera, para que ningún incendio pudiera destruirlo.Las obras se realizaron entre 1738 y 1755, estableciendo Carlos III su residencia en él en 1764 .

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La verdad es que siempre me he sentido fascinado por este edificio, y siempre que paso por cerca de allí o lo veo, no puedo evitar quedarme pasmado con su magnificencia, su grandeza y su belleza absoluta; me pasó la primera vez que lo vi, y aún hoy sigo teniendo esa misma sensación cada vez que lo veo en directo (¡e incluso también con algunas fotos!).

Por otra parte es asombroso porque parece cambiar de color según el tiempo: si hace sol brilla blanco como si estuviera hecho de marmol y marfil, si está nublado adopta los tonos gris y blanco, en cambio si llueve se vuelve totalmente gris, sorprendente vamos.

No obstante, todo lo maravilloso que tiene por fuera, lo pierde por dentro; pues viendo algo tan increíble las expectativas luego son altísimas, y no las acaba de cumplir, tal vez por la oscuridad absoluta (creo que es por cuestiones de conservación) que hay dentro, ya que las ventanas están cerradas a cal y canto, y la única iluminación que hay es la de una luz de lo más tenue que casi no te deja ver ni el final de las salas, lo que es una pena, porque vistas con las ventanas abiertas ganan mucho (sólo hay que ver cuando viene el Rey que lo abren todo -por ejemplo después de la pascua militar, que siempre hay un discurso en el salón del trono- y por televisión podemos apreciar su verdadera magnificencia).

 

-Palacio y monasterio de S. Lorenzo del Escorial:

El Escorial, monumento patrimonio de la humanidad, fue el centro político del imperio de Felipe II, donde organizó su palacio y biblioteca así como su panteón, el de sus padres, Carlos I e Isabel de Portugal, y el de sus familiares y sucesores, donde edificó una gran basílica y fundó un monasterio.Fijó el emplazamiento del conjunto a finales de 1562, colocándose la última piedra en 1584, según proyectos de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. Este último construyó también las dos Casas de Oficios, frente a la fachada norte del Monasterio, y su continuador, Francisco de Mora, la Casa de la Compaña.En la basílica se conservan dos grandes cenotafios: el del fundador, Felipe II, y el de Carlos I, con sus respectivas familias, a uno y otro lado del altar mayor. Las esculturas orantes en bronce dorado son, como las del retablo, de Pompeyo Leoni

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Algunos hablan de él como la octava maravilla del mundo, y la verdad es que es precioso, su tono amarillento-dorado le da una belleza muy especial. Por dentro encontramos además “varios palacios” pues hay varias zonas lo cual hace que podamos ver la evolución del arte de una época a otra, ya sea con el palacio de los Austrias o el de los Borbones; si a eso le sumamos las casitas del Príncipe y del Infante, tenemos en este conjunto un completo compendio de historia del arte desde el renacimiento hasta el neoclasicismo.

Eso sin nombrar sus extensos y pacíficos terrenos, ¡como para no querer vivir aquí!

 

Palacio de Aranjuez:

Situado entre los ríos Tajo y Jarama, fue utilizado ya como residencia real en época de los Reyes Católicos.

Felipe II inició el palacio con los mismos arquitectos de El Escorial, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, terminándose en el reinado de Fernando VI, con la incorporación de dos alas en tiempos de Carlos III.

La actual decoración del palacio recoge sobre todo aportaciones del siglo XVIII, entre las que destacan el Gabinete de Porcelana y el Salón de Espejos.

En las dependencias de la planta baja se encuentra el “Museo de la vida en Palacio” con curiosas piezas sobre la vida cotidiana en las Residencias Reales.

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Este palacio es todo lo contrario que el Palacio Real, por fuera es una ruina, casi parece una fábrica de un extraño color anaranjado, en cambio por dentro es deslumbrante, una verdadera maravilla que no dejará de sorprendernos sala tras sala.

Lo más bonito es el museo de la vida en Palacio y naturalmente los jardines a los que joaquín Rodrigo les dedicó su obra “noches en los jardines de Aranjuez“, así que imaginad como son. Además, allí está el Museo de Faluas Reales (los grandes barcos que se usaban para las fiestas) y la Casita del labrador (parecida a las que hay en el Escorial).

 

-Palacio de La granja de S. Ildefonso:

El Real Sitio de La Granja está situado en la vertiente norte de la sierra del Guadarrama, a unos 90 kilómetros de Madrid. Su nombre proviene de una antigua granja que los monjes jerónimos del monasterio segoviano de El Parral tenían aquí

Felipe V se retiró a este lugar en 1724 y durante los veinte años siguientes engrandeció los jardines y el palacio, que fue usado como residencia de verano por todos sus sucesores hasta Alfonso XIII. Recientemente, se han acometido trabajos de restauración y de reordenación de las colecciones en los Salones Oficiales que nos permiten volver a la época de Felipe V. Son de gran interés las bóvedas pintadas al fresco, los cuadros y el mobiliario de los siglos XVIII y XIX.

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Si Francia tiene un Versalles, nosotros (ya habréis observado) tenemos cuatro, y eso sólo contando los de jardines esplendidos. La granja vuelve a cumplir este requisito donde además del hermoso palacio por dentro encontraréis las magníficas fuentes que se ponen en funcionamiento en verano, y un maravilloso laberinto, cosa que a mi me encanta; de hecho una de las veces que fui, llegamos tarde, relativamente cerca del cierre de los jardines, y entonces nos metimos en el laberinto porque yo insisti, además competíamos a ver quien salía antes; y al principio me hacía mucha gracia, “jajaja, el laberinto, juejuejue”, pero de repente esas paredes vegetales el doble de altas que yo empezaron a angustiarme profundamente porque no podría ver más que lo que tenía en frente, lo cual no era una gran orientación que digamos, con lo que empecé a desear salir, naturalmente no iba a preguntar a quien viera (además de que no hacía otra cosa que encontrar a unas niñas que estaban tan perdidas como yo), tenía que salir por mis meritos; pero después de dar vueltas y vueltas y llegar al mismo sitio, y de que me surgieran pensamientos como “Dios, los jardines van a cerrar, ¿y si me quedo atrapado en el laberinto?, ¿y si los de Patrimonio me dejan encerrado aquí o no saben como sacarme?, “¡socorro!, ¡¡¡quiero salir!!!”,  si a eso sumamos lo que me costó llegar al centro cerca del cual estaba la salida, empecé a cambiar de idea acerca de si preguntar o no, sucumbí ante esa idea y pregunté a un señor, que venía a avisar a sus acompañantes (que estaban Dios sabe donde) de donde estaba la salida (aunque no se movía del camino correcto, no, el no se volvía a perder). Y salí, y para sorpresa mía, todos habían hecho trampas y habían preguntado donde estaba la salida, incluidas las niñas que encontré una y otra vez en el laberinto, con lo cual todos habían salido antes que yo (quizás esta anécdota es la que me ha hecho recoger a este laberinto como uno de los más interesantes dentro de mi artículo dedicado a esas construcciones de jardinería).

 

-Palacio de Riofrío:

Tras la muerte de Felipe V, la Reina Isabel de Farnesio residió en La Granja durante el reinado de Fernando VI (1746-1759). En estos años adquirió el llamado Coto de Riofrío, e inició la construcción de un nuevo Real Sitio.

El bosque de Riofrío, con una extensión de 625 hectáreas, es un notable paraje natural, cercado con tapia de piedra y poblado de gamos y ciervos.

La arquitectura del Palacio es italiana, en la que destacan sus dos escaleras principales, gemelas y simétricas.

En Riofrío pasaron largas temporadas Francisco de Asís, esposo de Isabel II, Alfonso XII, tras la muerte de la Reina María de las Mercedes; de esos reinados data la decoración de las habitaciones reales que ocupan la mitad de la planta principal. En el resto de esta planta se puede visitar el Museo de caza, uno de los más importantes en su género.

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Segovia se ha llevado dos de los más hermosos palacios de Patrimonio nacional, casi gana a Madrid de hecho. Este palacio está casi perdido, no hay transporte hacia él y la única manera de llegar es sabiendo que existe y en coche; tiene un encanto especial porque es como de un color rosado que se ve muy bien a distancia; por dentro tampoco está nada mal, y el bosque que lo rodea está lleno de animales como ardillas ciervos y demás.

 

-Palacio del Pardo:

En el Monte de El Pardo, que se extiende al norte de Madrid con casi 16.000 hectáreas de bosque, está ubicado el Palacio de la Zarzuela, residencia de Sus Majestades los Reyes de España.

Desde la Edad Media, este monte que aún hoy conserva una gran riqueza ecológica, era utilizado por los reyes castellanos, y a través de los siglos, se desarrolló un pequeño núcleo urbano en el que destacan la Casita del Príncipe y los conventos de las Concepcionistas Franciscanas y el de los Capuchinos, fundado por Felipe III. En éste se conservan notables obras de arte como el Cristo Yacente, escultura de Gregorio Hernández o la Virgen de los Ángeles, de Francisco de Rizi.

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La verdad es que no me entusiasma mucho este Palacio, lo pongo más por haberlo visitado que por otra cosa, es bastante pequeño (habitaciones incluídas) pero lleno de magníficos tapices. Por fuera es bastante bonito pero sus jardines no son ninguna maravilla.

Ahí se hospedan jefes de estado extranjeros y tuvo lugar la cena previa a a la Boda Real.

 

Y ahora, en conclusión, la pregunta clave, ¿que haría si efectivamente fuesen mios?, supongo que recuperaría lo de la gira por los palacios (si porque el barroco cansa visualmente, así luego iría al escorial y reposaría con el renacimiento jajaja); y supongo que los más pequeños los utilizaría para llevar una vida más intima. Sin duda sería una existencia de lo más palaciega, rodeado de arte y belleza, ¿se puede aspirar a más?.

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6 respuestas a Los Palacios de Patrimonio nacional

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