Otros “candidatos” al trono

     Ahora que ya está abordado el tema de la posible sucesión de doña Leonor, parece interesante revisar a las otras personas que también “tienen” derechos a la corona de España, lo que nos hace volver muy atrás, ya que el futuro hermano de la Infanta no es el único que podría pretender heredar; no olvidemos que también pretenden o pretendieron el trono; sin ir más lejos los tíos del actual rey; ya que don Juan, su padre, no era el primogénito de Alfonso XIII y de hecho nunca llegó a ser tan siquiera Príncipe de Asturias sino que lo fue su hermano Alfonso, que decidió renunciar a su dignidad (que tampoco lo entusiasmaba) por casarse con una mujer plebeya, aunque es muy posible que la hemofilia, una terrible enfermedad que le hacía muy complicado ejercer sus funciones influyera en eso, como no tuvo descendencia no hay nadie que exija sus derechos. Pero si en el caso del siguiente hermano, Jaime, quien a causa de una operación cuando era niño, quedó sordo, y es de suponer que a causa de los problemas que hubo con el anterior Príncipe y su enfermedad, Alfonso XIII le pidiera que renunciara a sus derechos a favor de su hermano Juan, cosa que hizo el 23 de junio de 1933; la cosa no quedaría ahí, pues más tarde querría que eso fuese invalidado; pero no se quedó ahí, también se convirtió en jefe de una rama del carlismo, e hizo lo posible para evitar que don Juan fuese considerado jefe de la Casa Real española; de todos modos no optaba sólo a ese trono, pues cuando los legitimistas franceses lo consideraron jefe de la Casa Real y por tanto pretendiente al trono de Francia, aceptó estos apoyos y se hizo llamar duque de Anjou, e incluso llegó a casar a su hijo con la hija de Franco, lo que creía que le aseguraba el trono, pero el general, no cambió la ley de sucesión. En la actualidad, su nieto Luís Alfonso de Borbón, si bien no parece tener pretensiones al trono español, sigue participando en ceremonias en Francia que lo relacionan con ser el jefe de la Casa Real francesa, y por tanto también de la familia Borbón.

      A parte de eses “candidatos” están los carlistas, que tienen una historia mucho más larga y complicada, ya que se remonta a los últimos momentos del reinado de Fernando VII cuando este en su lecho de muerte firma la abolición de la ley sálica y por tanto permite reinar a su hija Isabel, cosa que su hermano Carlos no acepta, surgiendo así la rama política del carlismo, que actualmente ha evolucionado a ramas o muy de izquierdas y regionalistas, o muy de derechas; en cuanto al pretendiente, no queda del todo claro pues la dinastía carlista original se extinguió con los pretendientes Alfonso Carlos I y Jaime III, que no tuvieron descendencia. Tras la extinción en 1936, se plantean diversas alternativas dinásticas, que serían las siguientes:

-La casa reinante en España. Tras la muerte de Jaime de Borbón y de Alfonso Carlos, los derechos sucesorios recaían en Juan de Borbón, padre del actual monarca; pero eso sí como descendiente de la rama de Francisco de Asís de Borbón, sobrino de Fernando VII (hijo de Francisco de Paula de Borbón, duque de Cádiz) y esposo de Isabel II. Esta rama quedaría como depositaria de los derechos carlistas, no como sucesora de Isabel II sino de su marido Francisco de Asís de Borbón. En esta misma línea, algunos sostuvieron que el hermano mayor del conde de Barcelona, Jaime de Borbón y Battenberg, y su línea, representada actualmente por Luis Alfonso de Borbón, eran los verdaderos depositarios de la línea carlista (al no considerar válida la renuncia a los derechos sucesorios de Jaime de Borbón).

-Los Borbón-Parma: tras la muerte de Alfonso Carlos, Javier de Borbón-Parma fue nombrado regente. Javier de Borbón era el segundo hijo del segundo matrimonio de Roberto I de Parma y descendía de Felipe V de España a través de su hijo Felipe, duque de Parma. Los cabezas de la familia ducal de Parma eran Elías de Borbón Parma y su hijo Roberto (Roberto II). Los Borbón-Parma desautorizaron a Javier de Borbón situándose claramente a favor del Conde de Barcelona. Sin embargo, la mayoría de los carlistas aceptaron la proclamación de don Javier como rey en la década de 1950.   

-Los Habsburgo Borbón: la llamada Ley Sálica, establecía que tras extinguirse la rama mayor de los Borbones, se debía buscar el sucesor en la hija mayor del último reinante, en este caso, el pretendiente Carlos VII. Hermana del pretendiente Jaime III y sobrina de Alfonso Carlos I, esta hija era Blanca de Borbón y Borbón Parma, casada con el archiduque Leopoldo Salvador de Habsburgo. Algunos carlistas, conocidos como “carlo-octavistas”, reconocieron al nieto de Carlos VII, Carlos de Habsburgo-Lorena y Borbón, como el legítimo heredero de los carlistas bajo el nombre de Carlos VIII

      Por si estas pugnas entre la familia del rey fueran pocas, también podemos meternos en las que podría haber en la familia real, al fin y al cabo no olvidemos que don Felipe se ha casado en el llamado matrimonio morganático (es decir aquel realizado usualmente entre dos personas de rango social desigual por ejemplo, noble y plebeyo) y que por tanto, según algunos tradicionalistas y constitucionalistas, quedaría automáticamente desposeído de sus derechos al igual que sus descendientes, a causa de la Real Pragmática de 27 de marzo de 1776 de Carlos III que dice que “el consorte que cause la notable desigualdad quedaría privado de los derechos que como consorte le corresponderían si fuera de igual rango, así como los descendientes, los que no podrán usar los apellidos y las armas de la Casa, debiendo tomar los del padre o de la madre que haya causado la notable desigualdad” convirtiéndose por tanto en heredera del trono la Infanta doña Elena. No obstante quienes aluden a esta pragmática, olvidan que  Carlos IV, rey tan absoluto como el anterior y con las mismas prerrogativas, ordena por su Real Decreto de 10 de abril de 1803, inserto en la “Novísima Recopilación”, transformar radicalmente lo establecido por Carlos III, determinando que “los infantes y demás personas reales en ningún tiempo tendrán ni podrán adquirir la libertad de casarse sin licencia mía o de los Reyes mis sucesores, que se les concederá o negará, en los casos que ocurran, con las leyes y condiciones que convengan a las circunstancias”, y ordena asimismo que los futuros matrimonios en la Familia Real se acomoden a la nueva disposición “y no a otra Ley ni Pragmática anterior”. Por si estos argumentos fueran pocos, podemos considerar que hay uno último que derriba totalmente la posibilidad de alegar a la pragmática de Carlos III; la constitución, la ley superior que deroga todas las anteriores, deja muy claro que “aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el Trono contrajeran matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes” en el artículo 57.4; dejando claro que el Príncipe (y cualquier miembro de la familia real) puede casarse con quien quiera, siempre y cuando no se lo “prohíban expresamente” el Rey o las Cortes, con lo cual no tiene tan siquiera porque tener su consentimiento o aceptación (teóricamente, claro).

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