100 errores del codigo da vinci

CAPÍTULO 100
                            
Capítulo 100. Página 509-510: El secretario suspiró.
– Obispo, no sé muy bien cómo decirle delicadamente lo que tengo que comunicarle, así que lo expondré de manera directa. Hace dos días, el Consejo de la Secretaría General votó unánimemente a favor de retirar el apoyo del Vaticano al  Opus Dei. (revocar la sanció vaticana de l’Opus Dei” en catalán) (…) Dicho lisa y llanamente, que dentro de seis meses a partir de hoy, el Opus dejará de considerarse una prelatura del Vaticano. Se convertirá en una Iglesia por derecho propio. La Santa Sede se separará de ustedes. Su Santidad así lo quiere y ya estamos iniciando los trámites legales.
-¡Pero… eso es imposible!
– En absoluto. Es muy posible. Y necesario. Su Santidad no se siente cómodo con sus agresivos métodos de reclutamiento y con sus prácticas de mortificación corporal. –Hizo una pausa-. Además, está su trato a la mujer. Sinceramente, el Opus Dei se ha convertido en una carga y en motivo de vergüenza. (…)
Aringarosa atacó donde más dolía.
– ¡Pregúntele a Su Santidad si la Obra era un motivo de vergüenza en 1982, cuando ayudamos a la Banca Vaticana!
– La Santa Sede siempre les estará agradecidos por ello –replicó el secretario con tono conciliador-, (…) pretendemos actuar de buena fe. Estamos redactando unos términos de separación que incluyan la devolución de ese dinero, que pagaremos en cinco plazos. (…)
– Obispo Aringarosa –intervino el Secretario para zanjar la cuestión-. En base al respeto que siente por la relación entre su organización y el anterior Papa, Su Santidad les da seis meses para que rompan voluntariamente su vínculo con el Vaticano. Le sugiero que para hacerlo aleguen sus diferencias de opinión con Roma y que se establezcan como organización cristiana.
 
Este fragmento merece, por la enormidad de las barbaridades en él contenido, merece realmente el número cien. Puede ser el error número 100 del libro o un texto erróneo en un ciento por ciento.
 
Una solución como la propuesta por esas autoridades eclesiásticas es inconcebible en la Iglesia Católica Romana, y, estoy seguro, en cualquier Iglesia cristiana. Dan Brown demuestra en este texto no tener ni la más mínima idea de lo que es la Iglesia Católica, ni su estructura, ni su funcionamiento, ni su espíritu. La conversación aquí mostrada seria razonable entre los propietarios de una empresa descontentos con el servicio de un proveedor pero no en la Iglesia Católica.
 
La Iglesia Católica la forman las diócesis de todo el mundo regidas por un obispo. Este obispo es nombrado por el Papa y luego rige su Iglesia particular con pleno poder. Los sacerdotes que se ordenan en cada diócesis le deben obediencia a su obispo que es quien los ordena. Las diócesis son divisiones territoriales. El Opus Dei es un elemento muy original en la Iglesia ya que es una diócesis no territorial. No tiene territorio o lo que es lo mismo su territorio es el mundo entero. Pero tiene sacerdotes. Hombres que se han formado en el Seminario del Opus Dei en Navarra y que son ordenados sacerdotes por el obispo (prelado) de la Obra. Estos sacerdotes dependen de su obispo, no del obispo del territorio donde estén. Por eso se llama Prelatura Personal.
 
Si el Papa está disconforme con un obispo lo puede trasladar, o cesar y sustituir. Si el obispo no obedeciera el Papa rompería la comunión con él y los fieles y sacerdotes católicos ya no estarían ligados a ese obispo. Si al Papa no le gustara la línea del Opus Dei podría sustituir al obispo por otro. Para eliminar al Opus Dei haría falta primero cesar al obispo, o esperar a su muerte o jubilación y luego dejar el cargo vacante y después pedir a los sacerdotes del Opus Dei que eligieran una diócesis dónde “incardinarse”, es decir elegir obispo. Los que no eligieran, serían sacerdotes sin obispo. Legítimos sacerdotes católicos pero no ligados oficialmente a ningún lugar de la Iglesia.
 
Pero es INCONCEBIBLE que se pida al Opus, o a nadie de la Iglesia, que se vaya y forme una “Iglesia cristiana por derecho propio”. A eso se le llama cisma y es contrario al espíritu del cristianismo. Nuestro ideal es formar una sola Iglesia y por eso existe el movimiento ecuménico de unión de las iglesias cristianas, que con grandes dificultades, va acercando las posiciones entre ellas. JAMÁS ninguna iglesia cristiana haría un cisma si pudiera impedirlo. Tenemos un ejemplo con el Cardenal Lefevbre. Vivió como obispo en rebeldía durante años, formando y ordenando sacerdotes integristas que nadie quería luego. Pero hasta que no ordenó otro obispo, sin permiso del Papa, no se llegó al cisma. El cisma y la excomunión posterior aterrorizaron tanto a sus sacerdotes que la mayoría abandonaron a Lefevbre y fueron a pedir perdón a Roma. El “famoso” padre Apeles es uno de ellos.
 
Por otra parte Dan Brown lo confunde todo. Primero el Cardenal Secretario le pide que el Opus Dei se haga “Iglesia” y al final que se haga “organización cristiana”. ¡No hay poca diferencia entre los dos conceptos! (Arcadi Viñas)
 
Capítulo 100. Página 511: El obispo ya estaba inconsciente cuando las puertas del hospital St. Mary se abrieron. Silas se abalanzó sobre la entrada rendido por el agotamiento. Cayó de rodillas en el suelo y gritó pidiendo ayuda. Todos en la recepción ahogaron un grito de asombro al ver a aquel albino medio desnudo que llevaba en sus brazos el cuerpo ensangrentado de un hombre con sotana.
El médico que le ayudó a tender al obispo en la camilla se puso muy serio al tomarle el pulso.
—Ha perdido mucha sangre. Hay que temerse lo peor.
Los ojos de Aringarosa se abrieron y, por un momento volvió en sí.
Buscó a Silas con la mirada.
—Hijo mío…
El remordimiento y la rabia se habían apoderado del alma del albino.
—Padre, aunque empeñe en ello toda mi vida, encontraré a quien
nos ha engañado y lo mataré.
Aringarosa negó con la cabeza y lo miró con tristeza mientras lo
preparaban para llevárselo.
—Silas… si no has aprendido nada de mí, por favor… por favor
aprende esto. —Le cogió la mano y se la apretó con fuerza—. El perdón
es el mayor regalo de Dios.
—Pero, padre…
Aringarosa cerró los ojos.
—Silas, reza mucho.
 
No me extraña que estuviera agotado. ¡Más de un kilómetro llevando al obispo a cuestas! El asombro de “todos en la recepción” es muy comprensible y probablemente eso explica que no tuviera que rellenar la ficha de Aringarosa en urgencias y que nadie llamara a la policía durante la emocionante conversación entre los dos hombres. El asombro también debe justificar que nadie se ofreciera a curar al albino herido. (Arcadi Viñas)
 
CAPÍTULO 102
 
Capítulo 102. Página 523: Cuando Silas llegó cojeando a un rincón discreto de Kensington Gardens, la niebla baja lo cubría todo. Se arrodilló sobre la hierba mojada y notó que la sangre tibia se deslizaba desde la herida que la bala le había abierto bajo las costillas.
 
Entre el hospital St. Mary y los jardines de Kensington no hay ni un kilómetro. Ese sí puede hacerlo un Silas herido, agotado y agonizante. Y que nadie detuviera a ese gigante albino semidesnudo, ensangrentado que avanza lentamente (me imagino) y trastabillando (supongo) por las calles del centro de Londres es una licencia novelística que le podemos conceder a Dan Brown. (Arcadi Viñas).
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