La guerra de Daisy: Introducción y capítulo 1

La guerra de Daisy
 
Introducción
      Bueno, como ya dije, aunque sale con bastante retraso, comienza una novela por entregas (la primera de ellas, probablemente salgan varios relatos simultaneamente, algunos de larga y otros de corta duración) que francamente no se cuanto durará, aunque me temo que tal vez dure tanto como el propio space, por que el esquema que he creado en mi cabeza es bastante amplio, así que no esperéis un relato corto, de todos modos eso es un motivo más para engancharse a ella y seguirla con avidez (o eso espero), bueno ya veréis lo que os parece, en principio está concebida como una historia de suspense, intriga y a la vez histórica con ciertos aspectos cómicos, pero no quiero decir mucho, como siempre, porque no se como va a evolucionar la narración, en cualquier caso espero que hagáis muchos y muy variados comentarios acerca de ella, lo que le dará una mayor vitalidad y me animará a continuarla aportando nuevos capítulos más frecuentemente, así pues comencemos:
 
Capítulo 1:

      Eran cerca de las nueve de la noche y un taxi se paraba no muy lejos de la londinense plaza de Picadilly circus, en el autocar, un hombre que parecía conocer bien al taxista, le pagaba y le decía:

-Gracias Joe, seguiré andando

      A continuación se bajó del coche y caminó con aire preocupado, sabía que aún disponía de tiempo para lo que quería hacer, pero de todos modos aquel asunto no acababa de gustarle, basicamente porque no conocía todas las piezas del puzzle y muy probablemente nunca podría encajarlas, dado que nadie le decía nada, ni parecía tener intención de decirselo (lo cual a una persona acostumbrada a querer saber todos los detalles acerca de cualquier suceso y a ver hasta el más mínimo detalle, se comprenderá lo molesto que le resultaba este asunto); pero todo aquello venía de arriba y debía ser muy arriba para que le mandasen a él ir en persona a solucionar aquel asunto, cosa que claramente demostraba que requería la máxima confidencialidad posible.

     Seguía andando, aunque nadie sabría decir si rapido o despacio, porque el nerviosismo provocaba que tanto acelerase el paso como que lo disminuyese cada poco; pero al fin llegó a su destino: el teatro Windmill.

     Este teatro se había hecho famoso porque su propietaria era una de las damas más ricas y respetadas de la clase alta, y sus extravagancias no dejaban indiferente a nadie, como la idea de montar revistas musicales americanas por primera vez en Inglaterra o algo también totalmente innovador en el país: la sesión continua, es decir, que el espectaculo se hacía durante todo el día, sin parar (cosas que atrajeron muchisimo al público de la época, hasta que los demás teatros lo copiaron, pero la sra henderson -la propietaria del teatro- tenía reservada una última carta como acostumbraba: una revista de desnudos!, su triunfo fue tal que fue el único teatro abierto durante la segunda guerra mundial, pero eso es otra historia y otra novela); aquella noche, la gran novedad era una supuesta artista americana, Daisy Grover que actuaba como una de las cantantes y bailarinas más importantes del otro lado del charco y que, por si fuera poco, había actuado en los cabarets de más prestigio y renombre.

      Por fin el hombre llegó a su destino, donde se paró a leer los carteles publicitarios del teatro en los que se anunciaba a la artista, aunque donde ponía su nacionalidad, no pudo evitar una sonrisa irónica. Como le quedaba tiempo hasta realizar su cometido podía haberse metido en el teatro y ver el espectaculo en el que la artista estaba aquel día especialmente brillante cantando su “relax, let’s the problems go” que el público no paraba de aplaudir; pero tenía un altísimo sentido del deber que no le permitía despistarse en lo más mínimo en su trabajo, así que se dirigió tranquilamente a la puerta de artistas de detrás del teatro donde espero tranquilamente mientras fumaba uno de sus cigarrillos a que la jornada del teatro estuviese a punto de terminar.

     Cuando llegó el momento que el consideró oportuno, petó en la puerta y un actor abrió y le dijo:

-Entregue esta nota a la señorita Daisy Grover

-Un admirador? -dijo burlonamente el artista fijandose en la avanzada edad del hombre de la puerta, que seguramente sólo buscaba algo de sexo aquella noche

-Ud hagalo y punto

-Vale, vale- dijo con una media sonrisa

     A pesar de todo, la actitud autoritaria de aquel hombre no admitía replica y el actor fue directamente a dejar aquel papel al camerino reservado aquella noche para la artista norteamericana.

     Media hora después de insistenses aplausos y varios reprises de despedida, por fin Daisy bajaba a los camerinos mientras el público emocionado, salía del teatro comentando la magnifica velada que habían tenido (especialmente la sra henderson!).

     Camino por los pasillos del teatro mientras recibía felicitaciones de sus colegas de profesión y por fin llegó al camerino, donde, como era habitual, había flores y en algunos casos, notas que las acompañaban; pero aquella noche encontró algo más extraño, una nota sin flores, esto llamó poderosamente la atención de Daisy con lo cual decidió que esa sería la primera que leería, así la abrió con una clara emoción que se reflejaba en sus facciones de las que rapidamente se borró según iba avanzando en la misteriosa misiva:

    “Es de vital importancia que la vea ahora mismo. No tiene nada que ver con su espectaculo o con su profesión. Pase lo que pase y pregunte quien le pregunte no diga nada de esta nota o su contenido y traigala a nuestro encuentro. La espero fuera del teatro cerca de la puerta de los artistas”

Continuará…

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